PEQUEÑAS DECISIONES,GRANDES CAMBIOS.

Por: Annie Smith


El soñador (las ruinas de Oybin), de Caspar David Friedrich. (1853)

A menudo pensamos que para lograr un gran cambio en nuestras vidas tenemos que hacer sacrificios enormes. Como si lo bueno viniera solo después de renunciar a algo grande o vivir una sacudida emocional. Nos imaginamos que la transformación llega cuando todo se derrumba o cuando tomamos decisiones drásticas: renunciar a un trabajo, cortar con alguien, mudarse, empezar de cero… como en las películas.


Pero, ¿y si el verdadero cambio se escondiera en lo pequeño? De forma casi contradictoria, si comenzamos con ajustes mínimos —tan simples que parecen insignificantes—, podemos hacer un cambio de 360°, completo y real. Porque el secreto no siempre está en derribar todo lo anterior… sino en construir lo nuevo.


Como decía Sócrates: “El secreto del cambio es enfocar toda tu energía no en luchar contra lo viejo, sino en construir lo nuevo.”
Cambiar puede comenzar con algo tan sencillo como dejar de comer eso que sabes que te hace daño.
O elegir caminar unas cuadras más para escuchar tu música favorita y reencontrarte contigo misma.


Como cuando decides apagar tu serie favorita para abrir un libro que te confronta, te enseña o te acompaña en silencio.
O cuando haces introspección y te das cuenta de que no necesitas ser perfecta… solo necesitas empezar.


Hace poco, tomé una de esas pequeñas decisiones que, aunque parecían mínimas, han significado un antes y un después para mí: empecé a comunicarme mejor con las personas de mi entorno. No fue fácil, porque implicó abrirme, escuchar más, responder con empatía, estar presente… pero desde que lo hice, me siento más cercana a mis seres amados, más consciente de sus emociones y
más plena conmigo misma.


Y es ahí donde entendí otra gran verdad: “Aquel que mueve montañas comienza por llevar pequeñas piedras.” – Confucio.
Es decir, no necesitas moverlo todo de un día para otro. Solo necesitas empezar con lo que tienes, desde donde estás, paso a paso. Porque cada decisión cotidiana que tomas —aunque parezca minúscula— tiene el poder de redirigir tu camino, de despertar tu conciencia, de devolverte a ti.


No subestimemos el poder de los pequeños pasos. Son ellos los que nos devuelven la confianza en nosotros mismos, nos recuerdan que estamos a tiempo, que nunca es demasiado tarde para elegir distinto.
Lo que empieza con una decisión sutil —como hablar desde el corazón, tomar un vaso de agua, hacer una pausa o respirar profundo— puede convertirse en una nueva forma de habitar el mundo.

En una revolución silenciosa. Y tal vez eso es lo que más necesitamos hoy: no un gran espectáculo de transformación… sino una vuelta amorosa a lo esencial. A nosotros mismos.
Así que hoy, sin esperar que todo sea perfecto, haz algo pequeño. Pero hazlo con intención. Con amor. Con presencia.
Porque a veces, lo que cambia tu mundo… no es lo grande. Es lo constante. Lo cotidiano. Lo que haces sin que nadie lo vea, pero que tú sabes que te está llevando hacia una mejor versión de ti.

¿Y tú? ¿Qué pequeña decisión puedes tomar hoy por ti, sin prisa, pero con alma?

Sobre el autor:

Columnas recientes

Ver todas las columnas →

Deja un comentario