RENUNCIO A LA SOMBRA: ES TIEMPO DE VOLVER

Por: Linda Villamizar

Necesito permitirme ser frágil, desmoronarme, desmoronar la tristeza y el estrés conductualmente como debe ser y no como mi cuerpo lo ha llegado a reflejar en mi irritabilidad, en mis molestias, en mi aislamiento y en mi ausencia, aún estando presente en la vida de quienes me comparten su tiempo.

En el aeropuerto, mientras describía la sensación de no querer el regreso a la rutina, de que mi cuerpo deseaba quedarse estático, sumergido en la quietud de ese momento, mientras mis ojos se perdían en la inmensidad del azul del cielo y mis recuerdos estaban inmersos en el sonido de las olas del mar, mientras mi parte artística quería escribir sobre las historias de quienes tienen que ir a despedir a alguien querido o darle la bienvenida a ese ser que llevaban tiempo sin ver, mientras mi piel se centraba en la brisa y mi olfato solo conocía el café.

En el momento perfecto en el que suena la canción de Andrés Calamaro «Loco» con una de sus frases de que «el tiempo es muy corto», en ese preciso instante mi cuerpo empezó a demostrar lo que sucede en mi cerebro cuando piensa en retornar a la vida que llevo, se congeló. Intenté distraerlo con música, muy tarde, la presión en el pecho ya estaba y las ganas de no hablar y de no estar no cesaban.

En ese segundo reconocí que necesito permitirme ser frágil, al traer a mi conciencia lo finito del tiempo, reconozco que la vida que llevo no va bien. La mujer que se ve fuerte necesita que alguien más esté. Siempre he podido, hasta ahora lo he intentado hacer bien, he intentado estar para otros aun con el corazón repleto de emociones displacenteras. Justo ahora renuncio, renuncio a esa versión, renuncio porque justo ahora mi cuerpo está viviendo las secuelas de pretender ser fuerte y no necesitar ayuda.

Renuncio a esa versión porque sí necesito el abrazo de la persona que me desee apoyar, los oídos de alguien direccionado a atender mi necesidad de desahogo, necesito las palabras de fe que me reconforten y animen a hacerlo mejor. Requiero de la mano amiga que te lleva por el camino cuando todo se nubla gris, cuando sientes que esta vez nos hemos perdido a tal punto que ya nuestra esencia la pensamos desvanecida.

Renuncio a ser fuerte sin importar lo que esté sucediendo, de desgastarme horas adicionales por un tercero, de dar más de lo que humanamente puedo dar, de ser siempre tan comprensiva y sentir lástima por aquellos que no dudaron en lastimarme de manera intencional. Renuncio a poder con todo sola porque esta vez mi cuerpo me dice basta, aunque mi cerebro tenga la voluntad, mi cuerpo ya no resiste más.

Y finalmente le digo a mis pensamientos: observa y detalla en lo que te estás convirtiendo. Entonces, me desconozco, mi esencia ya no es la mía. Mi cuerpo y comportamiento ahora reflejan el desgaste mental y emocional al que me he expuesto estos últimos años.

Mi cuerpo parece no tener memoria sobre esos mínimos momentos en los que le he dado la oportunidad de descansar, de deleitarme con una buena comida, una sorprendente vista al irme de viaje. Parece no retener la sensación de dicha y felicidad de ver el atardecer en el mar, de estar en el cielo atravesando las nubes.

No tiene presente la emoción tan agradable que tenía al momento de que alguien estuviera pendiente de mí y mi ubicación. No se queda con esa versión que me gusta en la que converso con personas desconocidas descubriendo que esa soy yo, que me gusta adquirir experiencia también por medio de otras, que mi deseo de servir es más alto que el deseo de ser retribuida.

Quiero recuperarme, quiero volver a mi carisma, serme leal, ser quien lucha por los derechos de otros y también por los míos, volver a mi revolución de ver todo mejor. Quiero reconocer mi esencia, quiero revivirla, quiero vivir. Como lo dice Residente en su canción «René»: «Yo, quiero volver a ser yo».

Sobre la autora:

Sobre la autora:

Deja un comentario

Deja un comentario