FUEGO EN CASA

Por: Jean Carlos Arenas Parra

Hay fuego en mi casa
pero no es el que a lo lejos
ilumina el cielo
en su danza perpetua.
Hay uno mucho más voraz,
más frenético y maligno
que nos destierra.
de nuestras raíces.
Va dejando
en su voraz incendio
lágrimas y fotografías rotas
de las familias que ya no son.
Muertos a los que
lloraremos a distancia
o de lo contrario
nos uniremos a su cortejo.
A cada paso solo hay cenizas
que arden bajo nuestros pies
y también queman por dentro:
son los recuerdos rotos
del que solíamos llamar hogar.
Hay fuego en mi casa:
ráfagas metálicas
de uno y otro lado
cortan el aire en un estruendo
y al final un vacío ensordecedor
lo habita todo.
Ahora estamos lejanos,
nuestro hogar pertenece a otros
que sin tregua
solo quieren engrosar sus arcas
cosechando paraísos artificiales
a costa de arrastrarnos
a su infierno.
Hay fuego en mi casa,
ni tu ni yo lo encendimos…
Y ni tu ni yo tenemos casa ahora.
De nuestra fértil tierra
aún brota la abundancia

pero entre sus surcos
se esconde, ahora, la muerte
y debemos partir con dolor
y con las manos vacías
(es el exilio o el exterminio,
no hay opción).
Las calles solitarias son ahora
el refugio de nuestras voces lejanas
que el viento ha dispersado
en todas sus direcciones,
y sin embargo
se unen en un clamor de justicia
que no calla ante nada
y le planta la cara al miedo.
Tan solo hay fuego, a la distancia,
y como un faro sigue encendido
iluminando el camino
de regreso a nuestras raíces,
que aún bajo las cenizas,
siguen vivas…

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