Por: Danny Herrera
La noche se deshila en mi ventana,
un manto de silencio y de preguntas.
El tiempo, lentamente, me desgrana
y en mi vigilia se forman sombras juntas.
La noche, cómplice de mi desvelo,
desliza su mirada por la alfombra,
mientras el viento, con suave anhelo,
me habla secretos de la sombra.
¿Qué busca el desvelo en mi memoria?
¿Qué huellas sigue en este laberinto?
Tal vez el eco de una triste historia,
o un sentimiento que parece extinto.
El reloj afana las horas sin sentido,
y yo, en la noche, soy un alma errante,
un barco a la deriva, sin olvido,
navegando en un mar de instante en instante.
En este desvelo que me abraza,
hay algo más que oscuridad y frío:
es la luz que se asoma en la ternura,
en el amanecer que aún no es mío.
Y así, entre sombras y luceros claros,
me quedo despierto, sin consuelo,
te pienso viendo los alfaros
la noche infinita de mi desvelo.
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