Columna Elaborada por Nerio Luis Mejía.


A raíz de los enfrentamientos violentos protagonizados entre miembros del ELN y las disidencias de las FARC, no paran las consecuencias devastadoras que se han originado, producto de los combates entre estos dos grupos irregulares.
La cifra de desplazados ronda las cincuenta mil personas, que huyen para salvar sus vidas ante los fieros ataques de los grupos armados, dejando una estela de muerte y dolor imposible de olvidar con el paso de la historia, no solo del Catatumbo, sino de toda Colombia, que veía a través de los medios de comunicación y las redes sociales, cómo los cadáveres de jóvenes combatientes, personas de la población civil y firmantes de paz quedaban esparcidos en las veredas y corregimientos, donde ha tenido lugar la confrontación armada.

Las medidas adoptadas por el gobierno nacional, en cabeza de Gustavo Petro, de momento poco han servido para detener los combates entre los ilegales, como a la vez han sido calificadas de ineficientes para poner fin al drama de las familias víctimas, que reclaman ayuda del Estado.
Sin embargo, no es fácil hacerle frente a una situación tan compleja como la tragedia que vive el Catatumbo. En esta región de Colombia, se concentran las mayores extensiones de cultivos de uso ilícito, la minería de carbón, la extracción de petróleo y el rico comercio de sus poblaciones. También le sumamos uno de los más grandes problemas que han enfrentado los diferentes gobiernos: la porosa frontera con el vecino país de Venezuela. Toda esta dinámica económica, que se mueve a lo largo y ancho del cordón fronterizo, termina alimentando las disputadas finanzas entre los distintos actores armados, que sin control alguno, se pasean de lado a lado entre los dos países.
Por eso es muy importante conocer la radiografía del Catatumbo, región que hoy vive una de las peores tragedias humanitarias, sin parangón en su rica historia de luchas sociales, a consecuencia de la guerra que libran el ELN y las disidencias de las FARC, con las consecuencias devastadoras que todo un país ha podido ver.

Con el pasar de los días, hay quienes aseguran que las cosas están regresando a la normalidad, por lo que nos atrevemos a preguntar: ¿Cómo que normal, en una región donde el control está en manos de grupos ilegales, que con rifles y pistolas en mano se buscan entre sí para matarse? Lo que no podemos negar es que después de este conflicto entre los dos grupos ilegales, ELN – Disidencias de las FARC, nada será igual.
Las consecuencias en el corto, mediano y largo plazo son evidentes. Muchos aspectos de la vida cotidiana de los catatumberos han cambiado para siempre, en lo que tiene que ver con lo social, lo económico y lo político, teniendo en cuenta las elecciones que se avecinan de cara al 2026. De momento, es muy apresurado predecir con certeza qué va a ocurrir. Pero al menos la radiografía de la guerra en el Catatumbo nos puede dar pistas sobre el desarrollo y las consecuencias que va a dejar la confrontación armada.
Ahora, a la grave crisis humanitaria que viven los habitantes del Catatumbo, le sumamos la tragedia que padecen los animales, ante el desplazamiento forzado que sufrieron sus dueños. Aves de corral, perros, gatos, cerdos; todas estas especies sufren las consecuencias de una guerra que los mantiene al borde de morir por inanición. Pero gracias a la valentía y el amor de valientes hombres y mujeres, quienes se quedaron en las veredas para cuidar de ellos, sus esfuerzos parecen ingentes ante la cantidad de animalitos que han quedado en la orfandad, por los que algunos han pedido ayuda para atender esta grave situación.
Por otro lado, las impactantes imágenes de las personas que clamaban por ayuda al gobierno, para que a través de la fuerza pública los extrajeran de las zonas de conflicto y no los dejaran morir a manos de las balas homicidas, en unas de las regiones que históricamente han sido muy activas en las denuncias en contra de los miembros de las fuerzas del Estado y el retiro de las instalaciones militares del territorio, ¿qué impacto tendrá?

¿Cómo devolver la confianza y el respeto a las formas de organización social, de las guardias campesinas y sus históricas luchas por la defensa de los derechos humanos y el territorio, función que no solo exige el respeto y reconocimiento por parte de las fuerzas del Estado, sino de los actores armados que hacen presencia en la región?
Todos estos interrogantes planteados serán una constante en las luchas históricas de ahora en adelante, que dejan ver la radiografía de una tragedia que tiene lugar en el Catatumbo.

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