Por: Nerio Luis Mejía.

Hoy traemos en exclusivo, el testimonio de uno de los exmilitares colombianos, que luchó en la república de Sudán – en el continente africano. Su historia supera a cualquier película o serie de acción, de las que ya estamos acostumbrados de ver en la pantalla chica o grande, pero eso sí, bien cómodos en nuestras sillas o sofás.
Por razones de seguridad, este exmilitar nos pidió, que omitiéramos su nombre, al igual sobre algunos lugares por donde tuvo la oportunidad de transitar, desde Europa a África. Es comprensible sus sugerencias, debido a lo que esto puede implicar para su vida.

Su amabilidad, contrasta con la dura personalidad con la que nos imaginamos un mercenario. Todo lo contrario, nos invitó a seguir en lo más profundo de su hogar, el que tanto extrañó por la lejanía, y las difíciles situaciones que debió enfrentar en la guerra.
En las paredes de su casa, no hay un solo espacio para colgar una medalla más, por la cantidad de reconocimiento que le otorgaron por distinción, en sus más de 22 años de carrera militar, en Colombia como en otras naciones donde estuvo agregado, sin una sola investigación penal o disciplinaria en su contra, es decir una intachable hoja de vida.
Terminó en el continente, cuna de la civilización humana, tras una propuesta de trabajo que consistía en prestar servicios de seguridad, a la infraestructura petrolera en el suroeste de Asia, pero jamás, nadie le dijo que su vida podría tener un destino final en África. Es por ello que durante la entrevista el exmilitar miraba hacia el cielo, y decía. “Gracias Dios mío por permitirme de estar de nuevo en casa, luego de la experiencia de visitar al propio infierno y regresar con vida”.
Lo que parecía una lucrativa oferta de trabajo, empezó desde Bogotá – Colombia, tomó el avión que lo llevaría a Paris – Francia, relata que en esas 11 horas de vuelo solo acariciaba la ilusión de incorporarse a su nuevo trabajo, y ganar los tan anhelados dólares que posteriormente enviaría a Colombia, para sufragar las necesidades de su hogar. Luego de parís abordó un vuelo hacia Libia, desde Bengasi – Libia, lo transportaron por tierra, a la república centro africana de Chad y su capital Yamena, de ahí finalmente llegó a Sudán.
Tras de recorrer varios países en el continente africano, atravesando ciudades históricas como Kufra, tardó aproximadamente día y medio para llegar al convulsionado país. Una vez estando en Sudan, les cambió todo. Les entregaron rifles de dotación de la marca, Kaláshnikov, pistolas sig sauer, el armamento en su mayoría era de origen ruso, pero todas las armas tenían un denominador en común, sus seriales o improntas estaban borrados. Como para no dejar huellas en uno de los conflictos más oscuros del mundo, donde los mismos hombres que luchan parecen fantasmas. Aturdido por las detonaciones de las bombas, y sin saber con claridad a quien debían enfrentar, nos cuenta el exmilitar que lo único que les quedaba era dejarse llevar por sus instintos. La guerra en Colombia no solo les confirió técnicas, y experiencias de combate, también dejó cicatrices imposibles de borrar, debido a las secuelas postraumáticas, características en quienes se exponen, a los más altos niveles de riesgos.

Junto a nuestro invitado, también lucharon en Sudán – África, exmilitares colombianos de todos los rangos, quienes procedían de los lugares en donde se libran los más duros conflictos, incluyendo la guerra en Ucrania, y las disputas territoriales de los carteles en México. Todos comparten una historia en común, sus sueldos de retiro, no les alcanza para cubrir las necesidades de sus hogares, y peor aún, para aquellos que no lograron algo de pensión.
Empujados por las necesidades, y el inexistente acompañamiento de la institución castrense a la hora de retirarse, lleva a estos hombres medianamente jóvenes, con el deseo de seguir trabajando en la prestación de sus servicios en seguridad, en donde los requieran.
No existe en nuestro país, un proceso de selección a la hora de cumplir sus tiempos de servicios, la gratuidad en formación técnica y profesional, la garantía en la inclusión del mercado laboral, son una de las razones que empujan a estos colombianos a participar en guerras ajenas.
Colombia en los últimos años, no solo ha ganado la fama como el país que exporta el mejor café, las mejores flores, y gemas preciosas. Hoy lo que más nos distingue ante el mundo, es la exportación de cocaína, y últimamente estamos ganando un privilegiado lugar, como el país que aporta un número significativo de mercenarios en los distintos conflictos que se libran en el mundo. No es con la iniciativa gubernamental, de considerar el mercenarismo como una práctica criminal, con la que debemos abordar la situación en materia psicosocial e inserción laboral, por las que hoy atraviesan nuestros veteranos. La asistencia
debe ser completa, que le permita a quienes ofrendaron sus vidas por los intereses de la nación, gozar de la tranquilidad en todas sus formas, y no tengan que experimentar el infierno en la tierra, en busca de oportunidades tanto para ellos como para sus familias. Hoy nuestro entrevistado, nos permitió conocer la difícil situación que, en materia de derechos humanos, viven los habitantes de ciudades como El Fasher. Lugar donde se libran los más fieros combates entre las fuerzas armadas de Sudán (FAS) y los rebeldes que conformar las fuerzas de apoyo rápido (FAR), enfrentamiento que marcaron para siempre la vida de cientos de exmilitares colombianos.

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