DUM SPIRO,SPERO

Por: Annie Smith

La vida es un lienzo lleno de trazos inesperados, algunos oscuros y otros luminosos, pero siempre, siempre, con espacio para nuevos comienzos.

A menudo creemos que nuestras caídas nos definen, que lo que hemos hecho o dejado de hacer es una sentencia inquebrantable. Sin embargo, cada amanecer nos susurra algo diferente: aún hay tiempo, aún hay caminos que recorrer, aún puedes ser quien siempre soñaste ser.


A veces, los nuevos comienzos llegan como un huracán que arrasa con todo, otras veces como un murmullo sutil que nos invita a levantarnos una vez más. Esas oportunidades no son casualidad; son recordatorios de que, aunque no lo veamos, la vida siempre conspira a nuestro favor. Como dijo Friedrich Nietzsche: «Aquel que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cosa.»


Piensa en el momento en que caíste por primera vez, no como un fracaso, sino como una pausa necesaria. Henri Nouwen lo describe con sabiduría: «Cuando retornas al camino, retornas al punto en que lo dejaste, no al punto en el que comenzaste.» Eso es lo que hace la vida con nosotros. Nos invita a regresar, a retomar nuestro viaje desde donde lo dejamos, pero con nuevas herramientas, aprendizajes y una fortaleza que antes desconocíamos.


Y aunque caer es parte de esta danza que llamamos vivir, levantarse es lo que le da sentido. Como dice José N. Harris: «Caerse es parte de la vida, levantarse es parte de vivir.» Es en esos momentos de resurgir donde encontramos nuestra verdadera esencia, donde la adversidad deja de ser un obstáculo y se convierte en una oportunidad para demostrar nuestra resiliencia.


La historia está llena de ejemplos de personas que transformaron sus vidas al tomar segundas oportunidades. Thomas Edison iluminó al mundo después de innumerables intentos fallidos. J.K. Rowling transformó el rechazo en un fenómeno global. Incluso tú, aunque aún no lo sepas, tienes el potencial de escribir un capítulo digno de admiración. La clave no está en lo que enfrentas, sino en cómo eliges responder. Dieter Uchtdorf lo expresó con precisión: «No es la adversidad, sino tu reacción a la adversidad, la que determinará el desarrollo de tu vida.»


La magia de los nuevos comienzos radica en su simplicidad. No necesitan ser grandiosos ni venir acompañados de fanfarrias. A veces, el inicio de algo grande se encuentra en un pequeño cambio: una decisión de mirar hacia adelante, un paso al vacío con la confianza de que el suelo aparecerá bajo tus pies. Carlos Santana lo expresó maravillosamente: «Si llevas alegría en tu corazón, puedes sanar en cualquier momento.»
Mientras persigues tus sueños, recuerda disfrutar el camino. No se trata solo de llegar, sino de aprender a ser feliz con lo que tienes, mientras te esfuerzas por alcanzar todo lo que deseas. En palabras de Jim Rohn: «Aprende a ser feliz con lo que tienes mientras persigues todo lo que quieres.»

Por eso, si hoy sientes que el peso de tus caídas es demasiado, toma un respiro. Observa el horizonte y recuerda que la vida no te pide que seas perfecto; solo te pide que lo intentes. Cada tropiezo, cada segundo perdido, cada error cometido, son pinceladas que enriquecen el cuadro de tu vida. No temas a los nuevos comienzos. Ellos son regalos envueltos en desafíos, en segundas oportunidades, en promesas de un futuro diferente. Hoy puede ser el día en que decidas cambiar de rumbo, en que transformes tus heridas en alas y te atrevas a volar de nuevo. Porque, al final del día, lo importante no es cuántas veces te caes, sino cuántas veces eliges levantarte y seguir adelante. «Dum spiro, spero.» Mientras respires, siempre habrá esperanza.

Fénix, renacer.

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