Por: Ramón Ruiz Contreras

Mucho revuelo causaron las declaraciones de la representante por el Paco Histórico, Susana Boreal en el Congreso, en días pasados. La representante, en un tono muy calmado, dijo: “Yo siento que obligar a un niño a asistir al colegio, a mí me parece que es una forma también de violencia y una forma muy evidente de adoctrinamiento porque es obligar al tiempo de una persona a estar en un lugar que muchas veces no quiere porque, o sea, garantizar que un niño vaya al colegio o a la escuela no quiere decir que tenga calidad porque es que el sistema educativo está muy mandado a recoger.
El sistema educativo, muchas veces, no funciona por diferentes razones. Hay muchos niños que simplemente no quieren ir a estudiar y se enferman y un montón de cosas porque son ambientes super hostiles. Nosotros metemos a cuarenta o cincuenta niños en un salón con una profesora o un profesor sin garantías.
O sea, con todas las cosas en contra y nosotros pretendemos que tenemos una educación de calidad, y lo que realmente estamos haciendo es preparándolos para la explotación laboral que viene después. A que se metan a una empresa un montón de horas al día sin poder después descansar, sin tener tiempo para hacer lo que se les dé la gana y poder estar con sus familias…”
Las declaraciones de la congresista recogen sentires y preocupaciones que nunca han sido abordadas por los gobiernos, y se hace urgente evaluar este sistema, más aún que estamos en un periodo que busca cambios radicales en cuanto a las políticas nacionales. Inimaginable e inaceptable la cantidad de adjetivos que llovieron sobre ella, a una declaración que es, muy aparte del concepto que se tenga de la congresista, muy real y acertada.
El pecado de la representante Boreal está en no saberlo expresar y no en el contenido de su mensaje. Quizás si hubiera elegido los términos pedagógicos adecuados (como suele hacerse en el falso e hipócrita medio educativo) podría haber sonado más convincente. Lo realmente intrigante y veraz es el contenido de su mensaje.
Quienes hemos estado en el medio educativo con ojo crítico y sin ropajes de doble moral (que abunda en las instituciones) hemos sido testigos del desatino que implica “educar” a los niños en un sistema como el que tenemos en Colombia: mediocre, atrasado, inoperante, ignorante, aburrido, ineficaz, excluyente, sancionatorio y destructor de la creatividad.
La teoría de las inteligencias múltiples de Gardner concluye que no somos buenos para todo, que nuestro cerebro está diseñado para apropiarnos del conocimiento coherente con la estructura mental de la cada quien. Entonces, qué hace un niño, sentado seis horas al día (muchas veces en un mueble incomodísimo) tratando de aprender una disciplina que no le cabe en su cabecita?, y por el contrario, dejando morir sus verdaderos talentos, inexplorados por el sistema que sólo se dedica a repetir esquemas de aprendizaje pasados de moda.
Podría considerarse esto violencia pasiva?. No nos engañemos, si miramos la historia de la educación, concluiremos con toda certeza que el sistema educativo tal como lo conocemos (al menos en Latinoamérica) está diseñado para controlar una conducta, para moldear una forma de pensar, para encauzar unas creencias ya determinadas, sin permitir la libertad requerida para la formación.
La escuela no puede desligarse del poder dominante, tal como lo expresa Foucault: “La escuela es un aparato de examen que transpone la visibilidad del poder”.
Obligar a un niño a permanecer quieto muchas horas, copiar inútilmente en un cuaderno en vez de permitirle crear su propia escritura, memorizar en lugar de desplegar su fantasía, repetir sosamente respuestas en vez de estimular su capacidad para argumentar, responder tontamente en una hoja de respuestas en vez de mostrarle las posibilidades que tiene una deducción, leer mecánicamente y por obligación textos aburridos en vez de enseñarle el mundo inmenso que puede adquirir con una lectura enriquecedora, etc, son formas de agresión indirecta que, en muchos casos conllevan el afán del maestro de ejercer su autoridad.
cuando no su ignorancia sobre los métodos educativos. ¿No es adoctrinamiento pretender que un estudiante acepte un credo religioso que no le corresponde, en un país laico? Esto, además de ser irrespetuoso de la libertad denota un desconocimiento de la Constitución y los derechos humanos. Pero sucede y con mucha frecuencia. Se podrían citar aquí miles de ejemplos que muestran el fracaso de un sistema decadente, inoperante y frustrante que es urgente renovar, sin importar el concepto que tengamos de la representante Boreal. Eso nos relevante.

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