Por: Annie Smith

Hay algo casi mágico en la forma en que el universo acomoda las piezas de nuestra vida. A veces,pareciera que llegamos tarde a todo: a nuestros sueños, a nuestras metas, incluso a nosotros mismos. Pero déjame decirte algo importante: no vas tarde. Estás exactamente donde debes estar, viviendo el capítulo que necesitas para aprender, crecer y convertirte en lo que estás destinado a ser.
El mundo no se acaba a los 18, ni necesitas resolver tu vida a los 20. Todavía eres muy joven a los 25, y a los 30 también. La sociedad tiene esa manía de ponernos relojes imaginarios que dictan cuándo deberíamos tener éxito, casarnos, comprar una casa o descubrir nuestra pasión. Pero el universo no usa relojes; su tiempo es perfecto, incluso cuando no lo entendemos. «No mires el reloj; haz lo que él hace:
sigue adelante», nos recuerda Sam Levenson, y vaya que tiene razón.
Puede que encuentres tu vocación a los 28 o descubras el amor verdadero a los 35 Quizá emprendas tu proyecto más grande a los 50 o te conviertas en una versión completamente renovada de ti mismo a los 60. Y no pasa nada. Porque, como dijo C. S. Lewis: «No importa cuántos años tengas, siempre habrá tiempo
para cambiar el rumbo y perseguir lo que amas».
La vida no es una competencia. No estás aquí para correr la misma carrera que otros, ni para llenar las casillas de un manual que alguien más escribió.
Tu vida es un examen único, con preguntas y respuestas que solo tú puedes resolver. Los tiempos de los demás no son los tuyos, y eso está bien. De hecho, es hermoso. Porque cada vez que te sientes «retrasado», lo que en realidad está pasando es que la vida te está preparando para algo más grande, algo hecho a medida para ti.
En esos momentos en que sientas la presión de las expectativas, recuerda: Memento Mori. La frase, que en latín significa «recuerda que morirás», no es una advertencia sombría, sino un recordatorio de que la vida es limitada y preciosa. No se trata de apresurarse, sino de valorar el tiempo que tienes ahora, de vivir
plenamente en tu propio ritmo y abrazar el viaje tal como viene.
Recuerda esto: nunca es demasiado tarde para soñar un nuevo sueño, para empezar de nuevo o para arriesgarte. «Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido», escribió George Eliot, y no hay nada más liberador que saber que el reloj no está en nuestra contra.
Mientras tanto, disfruta el ahora. No dejes que la prisa del mundo te robe el placer de vivir el presente. Mira alrededor y encuentra belleza en las cosas pequeñas: el aroma del café en la mañana, una conversación honesta, el simple hecho de estar aquí, leyendo esto. «El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños», dijo Eleanor Roosevelt, y cada pequeño paso que das hoy es una promesa al mañana que deseas.
El universo tiene un sentido del humor peculiar, ¿no crees? A veces, lo que más deseamos tarda en llegar porque no estamos listos para recibirlo. Y cuando finalmente lo hacemos, entendemos por qué tuvo que tomar ese tiempo. Es como si la vida misma dijera: «Primero déjame prepararte, y luego te daré lo que mereces». Y sí, habrá momentos en los que cambies de rumbo. Perderás cosas, dejarás ir personas, reinventarás tus sueños, y eso también es parte del viaje. «Puedes buscar dentro de ti cualquier cosa que necesites para crear un nuevo comienzo», decía Louise Hay. Todo lo que necesitas ya está en ti, esperando el momento perfecto para florecer.
Así que confía en tus tiempos. No te apresures por llegar a donde otros están, ni te castigues por lo que aún no logras. Tu camino es único, irrepetible y absolutamente perfecto tal como es. Y lo más importante, aún estás a tiempo.
Siempre estarás a tiempo para vivir, para soñar y para convertirte en la mejor versión de ti. Porque, al final, Memento Mori: recuerda que la vida es finita y hermosa en su imperfección. No se trata de qué tan rápido llegues a la meta, sino de cuánto disfrutes el viaje.

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