Cada día, la vida, el universo, o como tú lo quieras llamar, te da una oportunidad para mejorar en cada ámbito de tu vida. Te dice a voz en grito que lo disfrutes al máximo.Cada día es una oportunidad para tomar mejores decisiones que te favorezcan y te ayuden a construirte en la persona que desde niño has soñado.
Cada día nos da la oportunidad de quitarnos esa máscara donde escondemos nuestro verdadero yo y nos empuja a aceptar quienes somos y a revelar nuestra propia identidad. Sin embargo, solo puedes ver esas oportunidades si cambias tu chip y aprendes de los errores, sin quedarte en ellos. Esto es la única manera de lograr ver y aprovechar cada oportunidad que nos da la vida.
Cuando sueltes tus lamentos, tu odio, tu resentimiento y tu papel de víctima, aprenderás a ver todas las oportunidades que a diario se te presentan y que no las ves porque andas en una persona que no eres tú, sino en alguien que permitió que el mundo exterior lo modificara hasta el punto de no valorar lo que tienes a diario.
Practicar la gratitud es igual de importante que practicar algún deporte para tu salud física. Tiene la misma importancia. Cuando aprendes a agradecer por cada situación o circunstancia que te sucede, comprenderás que nada de eso viene en vano, que son necesarias para fortalecer tu carácter, tus pensamientos, al igual que tu vida.
Cuando adquieres el hábito de agradecer por absolutamente todo, aprenderás a ver oportunidades en los momentos de caos y aprenderás a valorar cada uno de esos momentos donde eras feliz y no te dabas cuenta, solo por vivir pensando en aquellos momentos infelices, que solo son eso, momentos.
Recuerda, un mal momento no debe modificar ni tu futuro ni tu presente, pero sí debes tomarlo y aprender lo máximo de esos momentos que nos sirven para tener expectativas más altas, al igual que nuestro amor propio. A diario nos vamos a tropezar con esos momentos, pero quien a la final tiene la decisión de que le afecte o no es tú.
Recuerda, tú eres tu mayor inversión y tú permites lo que te hará feliz o infeliz. Nadie tiene la responsabilidad de hacerse cargo de tu felicidad.
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