Por: Nerio Luis Mejía.

Al cumplirse 8 años de la firma de los acuerdos de paz, “o los Acuerdos de la Habana”, suscritos entre el gobierno del entonces presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, y la extinta guerrilla de las FARC, son muchas las voces que denuncian el incumplimiento de lo acordado.
El gobierno de Iván Duque fue el que más cuestionamientos sufrió, ante los reclamos de poner en marcha los acuerdos que había firmado la anterior administración, a tal punto que hoy en día hablar del gobierno Duque es sinónimo de hacer trizas el acuerdo de La Habana. Desde los entrampamientos al cabecilla guerrillero Jesús Santrich, hasta los dineros de la OCAD-PAZ que se desviaron y que presuntamente terminaron financiando la construcción de una lujosa mansión en un exclusivo sector de la ciudad de Valledupar.
El descontento popular se hizo sentir en las calles de Colombia, en lo que algunos denominaron el gran estallido social de 2019, lo que alimentó el discurso esperanzador del entonces senador Gustavo Petro, quien prometió que, de ser electo presidente de Colombia, haría cumplir los acuerdos de La Habana y convertiría a Colombia en la potencia mundial de la vida, sentándose a negociar la paz con todos los actores armados en el país.
Ese sentimiento popular, más los pactos y alianzas con sectores del tradicionalismo, en lo que se llamó el Pacto Histórico, le cumplieron el deseo a Gustavo Petro y lo llevaron a la presidencia del país cafetero como el primer mandatario de izquierda. Ya electo presidente, realizó unas desacertadas movidas, nombrando como comisionado a personas que desconocían las nuevas dinámicas del conflicto armado. Un caso textual fue el del ex comisionado de paz, Danilo Rueda, quien brilló por su incompetencia y se caracterizó por su improvisación, desempeñando un flaco papel, ya que no logró ni siquiera la desmovilización de una banda de carácter local.
Una vez Danilo Rueda presentó su carta de renuncia, lo sucedió Otty Patiño como nuevo comisionado de paz, quien heredó la pobre labor de Rueda, continuando los acercamientos de paz con varias estructuras del crimen organizado. Esto ha llevado a que varios grupos criminales con los que se adelantan las conversaciones de paz se hayan desintegrado. Primero fue el ELN, quien mostró inconformidad con el gobierno nacional por las mesas de diálogos que se adelantan de manera simultánea con los miembros del Comando Central (COCE) en Cuba, y con el Frente Guerrillero Comuneros del Sur, quienes tienen presencia en el departamento de Nariño. Esta situación llevó al congelamiento de la mesa de diálogos con un sector del ELN.
A esta fractura con los elenos se le sumaron las disidencias de las FARC, al mando de alias Iván Mordisco, quienes han protagonizado disputas internas, lo que llevó al fraccionamiento de la organización ilegal, creando dos grupos: uno al mando de Mordisco y el otro que acata órdenes de alias Calarcá, estructura con la que se vienen adelantando conversaciones. Con la otra, se ha optado por el uso legítimo de las fuerzas del Estado, que buscan el sometimiento a la justicia, tras haberse levantado de la mesa de diálogos.
Guerra entre ‘Iván Mordisco’ y alias ‘Calarcá’ tiene dividido el Estado Mayor Central Farc https://www.wradio.com.co/2024/04/28/guerra-entre-ivan-mordisco-y-alias-calarca-tiene-dividido-el-estado-mayor-central-farc/
Mientras el comisionado de paz trata de llevar el barco a un mejor puerto, lejos de las tormentas de la guerra, estas parecen superarlo en velocidad, ya que el conflicto se siente con rigor en gran parte de la geografía nacional. Las disputas territoriales, con el fin de imponer el control social, movidas por el interés del manejo de las economías ilícitas, desencadenan enfrentamientos entre los actores ilegales, desvaneciéndose las esperanzas de la paz total, que en distintos gobiernos se ofrece en trizas o en trozos, como lo viene intentando el actual gobierno del cambio.
En medio de esta densa neblina, por la que transita la paz, se aparece el fantasma de Iván Márquez, quien tiene las siete vidas de un gato. Ese escurridizo cabecilla criminal, que no solo se les escapa a las autoridades colombianas y gringas, sino que también le ha sabido sacar el quite a la muerte en la guerra que libra con otros actores ilegales. Márquez, que estaba al mando del grupo criminal llamado la Segunda Marquetalia, y que recientemente sorprendió a su mismo equipo de negociadores al desautorizarlos como voceros del citado grupo criminal, impidiéndoles hablar en nombre de la organización que había fundado junto al polémico Santrich.
Hoy, a pesar de que algunos representantes internacionales se atreven a llamar exitoso un fracasado proceso de paz en Colombia, en los territorios sacudidos por la violencia se sigue ofreciendo e intentando la paz en trizas o en trozos. https://caracol.com.co/2024/11/21/el-acuerdo-de-paz-de-colombia-es-ejemplo-para-el-mundo-onu/

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