COLUMNISTAS vs COLUMNISTAS

Por: Ramón Ruiz Contreras

La elección de Trump como nuevo presidente de Estados Unidos ha hecho correr ríos de tinta, a favor y en contra. Y era de esperarse, dadas las expectativas adversas a su elección. Los principales medios del mundo han hecho sus cábalas y predicciones. Sin duda, un personaje controvertido que hace la delicia de los columnistas del mundo, quienes encuentran una opción para desnudar su personalidad pública y privada. La prensa ha estado acuciosa, describiendo un panorama poco alentador, con ideas, argumentos y apuntes dignos de un autor de distopías.

Pero el tema aquí no es Trump. Es el nivel que un buen columnista pone en marcha al momento de evaluar a un personaje tan controvertido, en este caso, el próximo presidente de Estados Unidos. Columnistas tan reputados como Daniel McCarthy dicen de Trump: “Para evitarlo (el ascenso de una izquierda estadounidense), Trump tendrá que convertirse en un creador tan exitoso como ya lo es en el rol de destructor. Al comienzo de su primer mandato, perdió la oportunidad de aprovechar la conmoción que tanto republicanos como demócratas sintieron ante estas elecciones. Ese fue el momento en el que un mensaje positivo podría haber elevado al nuevo presidente por encima de la refriega de la política convencional”. Basta con llegar a esta conclusión de la columna: Trump es un tipo torpe en política, incapaz de dar mensajes positivos, tan impetuoso para destruir como para construir. A pesar de que sobre Trump, el detestable, podrían llover descalificativos de toda índole, el columnista no lo hace. Y es un claro ejemplo de caballerosidad en democracia y en política mediática. Hay una gran diferencia entre hacer un perfil de un personaje público y desperfilar a otro con soeces palabras de pelea barriobajera.

En Colombia hay columnistas que muestran su talante crítico con la altura propia de un hombre de letras: Rodrigo Uprimny, Álvaro Forero Tascón, Hernando Gómez Buendía, solo por nombrar algunos, se erigen como valores intelectuales de la palabra y la verdad a la hora de adentrarnos en impresiones acerca de la política nacional e internacional.

Contrasta, entonces, el despliegue verbal de algunos “cosedores de palabras” a la hora de descalificar a Gustavo Petro en su accionar como presidente de Colombia. Es como si aún no entendieran que, más allá de Petro, está su figura presidencial, que es la que interesa. Pablo Felipe Robledo, Felipe Zuleta, Gabriel Silva, Mario Mendoza, Luis Carlos Vélez, Gustavo Gómez y otros hacen que los lectores se pregunten si estos “columnistas”, embadurnados de la viscosidad de las informaciones de los medios, estarían dispuestos a referirse a Trump como lo hacen con Petro. ¿Se asoma algún tinte intelectual, culto, letrado en sus cabezas mientras escriben sus columnas? ¿A qué conduce plantear una andanada de insultos y descalificaciones propias de una pelea de comuna? Es difícil creer que, para llamar al presidente Petro loco, esquizofrénico, mentiroso, imbécil, drogadicto, basura, haya que hacer un esfuerzo intelectual.

Cuando el periodista tiene convicciones —el apego a la verdad, el análisis y, principalmente, su función de visionario— evita manchar su mensaje, porque la verdad podría verse ensuciada también. La responsabilidad del periodista es casi igual a la del profeta: ni quita ni pone adjetivos que retuerzan su mensaje. Grave esto en función del uso social de la palabra.

Para insultar y desacreditar de esta manera, solo se necesita una lengua larga y mucho de la función reptiliana del cerebro, pero de córtex, nada. Lamentable que los consejos de redacción de medios como El Tiempo, Semana, Cambio y El Espectador permitan circular este listado de groserías que solo degradan, no solo al columnista, sino también al medio.

Sobre el autor:

Deja un comentario

Busca Columnas Por Autor

Deja un comentario