INSISTIR,PERSISITIR Y NUNCA DESISTIR

Por: Annie Smith

A veces la vida parece un rompecabezas que se niega a completarse. Las piezas no encajan como imaginamos, y las puertas que tanto ansiamos cruzar permanecen cerradas.

Nos preguntamos con desespero por qué Dios, el universo o el destino parece poner piedras en nuestro camino. Pero, ¿y si esas piedras no son obstáculos sino escalones? ¿Y si aquello que hoy nos duele está moldeando nuestra fortaleza para algo mucho más grande de lo que podemos imaginar?
Cuando los planes no se cumplen y las metas parecen alejarse, es fácil rendirse a la frustración. Es en esos momentos de duda cuando el corazón pesa más y las fuerzas flaquean. Pero quiero recordarte algo: «Cuando todo parezca ir en tu
contra, recuerda que el avión despega contra el viento», como dijo Henry Ford. Es en medio de la resistencia donde encontramos nuestras alas. Cada tropiezo, cada «fracaso» que tanto tememos, puede ser el taller donde se forjan nuestros sueños
más grandes.
Persistir no siempre es fácil, lo sé. Los días se hacen largos, y las noches se llenan de preguntas. ¿Estoy yendo en la dirección correcta? ¿Vale la pena todo este esfuerzo? Pero imagina por un momento lo precioso que puede ser arriesgarse y que todo salga bien. Mario Benedetti tenía razón: el simple hecho de intentarlo ya nos hace valientes. La vida es un continuo sube y baja, un juego en el que caemos 19 veces, pero debemos levantarnos 20, como decía Julie Andrews.
Porque en esa vigésima vez está el verdadero aprendizaje, la verdadera transformación.


A menudo olvidamos que los fracasos no son el final del camino, sino el mapa que nos guía hacia dónde debemos ir. Cada caída nos enseña algo valioso, cada desvío nos lleva a descubrir una parte de nosotros mismos que no sabíamos que existía. Es como si el universo estuviera orquestando un plan mayor, uno que aún no comprendemos por completo. Y aunque en el momento no lo veamos, todos esos intentos fallidos nos están preparando para algo extraordinario.


¿Quién no ha sentido que la cima de su montaña está demasiado lejos? A veces, parece que cada paso nos lleva más hacia atrás que hacia adelante. Sin embargo, hay un secreto que pocos conocen: no importa cuán alta parezca la montaña, la
cima siempre está más cerca de lo que creemos. Lo único que se necesita es un paso más, un poco más de fe, un susurro de esperanza que nos diga: «No te detengas ahora».
Piensa en un río que fluye con determinación. A pesar de los obstáculos que encuentra, busca nuevas rutas, se adapta y sigue su curso hasta alcanzar su destino.

En este sentido, Bruce Lee nos dejó una enseñanza invaluable: «Vacía tu mente, sé amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza. Si pones agua en una botella, se convierte en la botella. Si la pones en una tetera, se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede golpear.
Yo soy agua, sé cómo el agua, mi amigo». Ser como el agua significa adaptarse, pero nunca detenerse; significa que, aunque el camino cambie, nuestra esencia y propósito permanecen intactos.

«Cuanto más grande es la dificultad, más gloria hay en superarla», dijo Epicuro, y no podría estar más de acuerdo. Porque cuando superamos lo que parecía imposible, no solo logramos un objetivo, sino que nos transformamos en alguien más fuerte, más sabio, más valiente. Es en ese momento cuando todo cobra sentido, y las piezas del rompecabezas finalmente encajan.
A veces, el camino parece absurdo. Las metas se sienten como un espejismo en el horizonte, siempre fuera de nuestro alcance. Pero no temas a lo absurdo, porque, como Miguel de Unamuno señaló: «Solo el que intenta lo absurdo es capaz de conseguir lo que parecía imposible». Quizás tus sueños parezcan inalcanzables hoy, pero te aseguro que cada esfuerzo, cada desvelo, cada lágrima
derramada está pavimentando un camino que aún no puedes ver.
La clave está en el entusiasmo, en no perder esa chispa que te mueve. Al igual que el agua, sé flexible, pero persistente. Fluye alrededor de los obstáculos, encuentra nuevas formas de avanzar, pero nunca te detengas.
Así que insiste, persiste y nunca desistas. No importa cuántas veces tropieces o cuánto tiempo te tome. Acepta los retos, los tropiezos y las caídas como partes esenciales de tu viaje. No pierdas el entusiasmo, no dejes que el viento en contra
te detenga.

La cima está ahí, esperándote con un horizonte más amplio, más brillante y más hermoso de lo que alguna vez imaginaste.
Y cuando llegues, cuando mires hacia atrás y veas todo lo que superaste, te darás cuenta de que el verdadero éxito no era llegar, sino convertirte en la persona que eres ahora. Esa que no se rindió, esa que aprendió a volar en medio de la
tormenta.
Porque tú, con tu perseverancia, estás destinado a volar. Y créeme, cuando lo hagas, el vuelo valdrá cada paso del camino.

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