Por: Nerio Luis Mejía.

Quienes hemos tenido la oportunidad de conocer y vivir en Ocaña, consideramos que es más que un decir, “Ocaña La Tierra Que Amaña”. Dicho que se ha convertido en lema. Permítanme decirles que es del todo cierto. Esta población de corte colonial, sus calles, sus iglesias, y especialmente su gente, son halagadoras. Aquí se congeló el tiempo, y se quedaron parte del vestigio español, como una forma de recordar ese pasado conquistador, en su arquitectura y costumbres, que hoy en día, nos envuelve con sus encantos. La fé católica, se siente a flor de piel. Existe una gran cantidad de templos repletos de feligreses, que profesan el amor en Cristo. Sin embargo, a pesar de la tranquilidad de sus habitantes, este enclave poblacional de Norte de Santander, parece estar perdiendo la batalla contra la muerte. Poco a poco se está opacando el decir, que Ocaña es una tierra que amaña, y todo por cuenta de la maldita violencia, que se ha recrudecido en los últimos tiempos. En tan solo una semana de noviembre de 2024, se produjeron cuatro asesinatos de personas en condición de calle, ahora conocidos, como habitantes de vivienda no formal. Los secuestros, las extorsiones, los hurtos, todo parece una reacción del maligno en contraponerse a los planos de Dios, con los Ocañeros. Siguen las muertes violentas de habitantes en condición de calle en Ocaña
Ocaña se posiciona de manera estratégica, como una gran despensa agrícola, que nos deleita el paladar con sus cebollas, sus arepas, y todos esos camiones que se despachan a las ciudades de la costa atlántica, repletos de tomates, pimentones, cebollín, cilantro, en fin, productos frescos del campo, sin los cuales sería imposible, servir la mesa de las familias costeñas. Esa privilegiada posición también es aprovechada por el narcotráfico, y sacar los alijos de cocaína, hacia los principales puertos de nuestro mar caribe, lo que de una u otra manera incide en el espiral de violencia, que atormenta a los habitantes de esta hermosa ciudad.
La carrera que se libra en contra de la muerte, le está ganando la partida a la fé, recordemos que el pasado mes de junio del año 2024, un par de sujetos, atacaron con arma blanca, y le arrebataron la vida al sacerdote: Ramón Arturo Montejo, en lo que al parecer obedeció a un intento de hurto.
Un sacerdote fue asesinado en Ocaña, Norte de Santander
Ese suceso, en su momento produjo una serie de reacciones, pero que con el pasar de los días, el hecho de sangre, se sepultó en el olvido. Asesinar un líder espiritual es un ataque directo a la fé, de esas que están acostumbrados los ocañeros a profesar delante de su creador. Por lo que se invita a la sociedad, a recordar y exigir resultados a la justicia, ante esta serie de hechos que contrastan con la espiritualidad de los habitantes de Ocaña.
La esperanza de una sociedad, reposa sobre los esfuerzos de sus habitantes. Por tal motivo, se valora la ciencia como parte a esa serie de conquistas que le ha permitido al ser humano, lograr grandes avances que han mejorado de manera ostensible la vida. Siendo la salud el principal desafío en el que nos embarcamos y acompañamos como especie, a quienes desempeñan o ejercen la profesión de la medicina, especialmente en un país como Colombia, que tiene una taza de profesionales de la salud muy baja en comparación a otras naciones, 2,2, por cada 1000 habitantes. El pasado 8 de noviembre de 2024, cuando se movilizaba
entre la vía que comunica a la ciudad de Cúcuta, con Ocaña, a la altura del municipio de Sardinata – Norte de Santander, fue asesinado el medico ocañero, Julián Andrés Quintero Contreras, el especialista se movilizaba junto a su
familia, cuando vilmente fue abordado por pistoleros que le dispararon sin piedad, arrebatándole la vida de manera instantánea, delante de su esposa e hija.
Este cruel asesinato, lo cual se convierte en una pérdida irreparable, no solo para la comunidad ocañera, sino para todo un país, que solo observa cómo se asesina la Fé, y la Esperanza de su gente. No existe justificación alguna, ante todo hecho criminal. Lo que si debe existir, es el llamado urgente a las autoridades competentes, para que trabajen de manera seria, y coordinada, que conlleven al desmantelamiento de las organizaciones criminales, que siembran el terror a los Nortesantandereanos. No dejemos que la muerte, nos siga ganando la carrera, a quienes tenemos la fé, y las esperanzas de construir un mejor país, con espacio para todos.

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