Cultura Woke vs. Comunidad Amish: LA PUJA POR LA PRESIDENCIA DE LOS EEUU.

Por: John Jairo Gelvis Vargas

En estas elecciones de los EE.UU. UU. Se destacó un grupo religioso: el pueblo Amish, una comunidad que vive alejada de la tecnología. Su única ley es la Biblia y su fe en Dios. Viven de lo que producen la tierra y el ganado, y no utilizan conservantes en sus productos lácteos, tortas u otros alimentos. Es una comunidad que ofrece productos económicos en sus propias tiendas, que, para algunas personas, son considerados alimentos para gente de escasos recursos.

La administración de Biden puso la lupa sobre esta comunidad después de una queja sobre la intoxicación de tres menores de edad, lo que llevó al gobierno nacional a regular la producción de alimentos con conservantes. En consecuencia, se confiscó la leche de un Amish y se le encarceló por no seguir las leyes de EE.UU. UU. y por no abandonar sus creencias. Esta situación sembró una gran indignación en la comunidad Amish, que, como se pudo ver, es numerosa y que, en lugar de automóviles, usa carrozas para trasladarse. Llegaron a votar con sus vestimentas del viejo oeste, sus largas barbas y decididos a participar en la política, pues sentían que los demócratas estaban afectando sus costumbres y modo de vida. A esto se sumó que Scott Presler, miembro de la comunidad LGBTIQ+, fue quien visitó las comunidades Amish en EE.UU. UU. Esta persona, aunque parte de la comunidad LGBTIQ+, se mostró en contra de la cultura Woke, especialmente de la enseñanza sobre identidad y diversidad de género en los colegios públicos. Fue clave en la victoria de Donald Trump y también destacó el liderazgo de Elon Musk.

La cultura Woke, que tiende a censurar desde la indignación, también fue un tema controvertido. En un mitin político con Kamala Harris, intentaron censurar a Dios cuando un participante gritó «Dios es el Señor». La respuesta de Harris fue que estaba equivocada de lugar, sugiriendo que esa reunión era un espacio inapropiado para hacer ese tipo de afirmaciones. Trump, por su parte, aprovechó la ocasión para afirmar que «Dios es el Señor» y que lo reconocía, lo que movió los sentimientos de la comunidad Amish. Esto también sumó el apoyo de los latinos, quienes, siendo fervientes en su fe católica y cristiana, respaldaron nuevam.

Hablar mal de Dios, en un país cuyos fundadores fueron protestantes, se considera un error gravísimo. Aunque se pensaba que este tipo de situaciones solo ocurrirían en Colombia, es evidente que la orientación religiosa puede influir en la decisión de si un presidente representa o no a su pueblo. Ser «Woke» se convirtió para los Amish y los republicanos en una forma de criticar la imposición excesiva de valores progresistas en la sociedad. Además, Donald Trump atacó la cultura Woke diciendo que «Woke, Woke, Woke» es solo un término que utilizan personas que ni siquiera saben lo que significa. Este tipo de declaraciones y otros factores socioeconómicos contribuyeron al giro hacia la derecha en EE.UU. UU. en las últimas elecciones.

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