HERIDA MATERNA: QUERIDA MAMÁ ME DUELES

Por: Saray Cristancho

Mamá, cómo dueles. Duele aquella mamá presente, pero ausente a la vez. Duelen esas noches de soledad, donde solo estamos las cuatro paredes y yo, los 364 días del año. Pero está bien, mamá, estás trabajando para que no falte nada, con poco o mucho. Sin embargo, no sabes cuánto desearía tener tu amor, poder ser escuchada sin ser juzgada, sentir abrazos y besos cálidos que me curen el alma, escuchar palabras de aliento.

Pero a menudo me encuentro con una triste realidad: «Vengo cansada del trabajo, solo quiero dormir, no me molesten.» Siempre me he preguntado si realmente te importo. Cuando lloro en las noches por tu ausencia, me miras y sigues como si nada. Ay, mamá, no sabes cuánto busco tu amor en otros lados.

Eres la figura más importante en la vida de un hijo, pero lamentablemente, tus acciones se convierten en heridas que no podemos sanar. Mamá, la mujer que admiro y amo, pero que me hace tanto daño.

Si supieras lo fuerte y valiente que he sido, pero nunca escucharás lo orgullosa que estarás de mí. Mamá, ¿realmente me amas? Esa es una pregunta que me hago siempre: ¿por qué mi hermana sí y yo no? ¿Qué me falta para que me ames y veas a la hija que siempre quisiste?

Nunca ha sido mi culpa que estés más para otras personas que para mí. He aprendido a vivir sin tu influencia, construyendo mi vida cada día, encontrando desafíos y felicidad que me hubiera encantado compartir contigo.

Siempre me he preguntado si alguna vez pensaste en mí, en cómo estaba creciendo, en las etapas importantes de mi niñez y adolescencia, y ahora que soy una mujer que pasaste por alto. Si alguna vez lamentaste tus comportamientos conmigo, pero al final, no importa.

Mamá, sigues creando heridas, sigues doliendo, pero al final siempre te perdonaré y amaré. Porque siempre serás MAMÁ.

Deja un comentario

Busca columnas por autor

Deja un comentario