LAIKA, ESTRELLA INVOLUNTARIA

Por: Jean Carlos Arenas Parra

Nunca me preguntaron
si prefería las noches frías
en las calles de Moscú
a una noche eterna
en el vacio ingrávido
del espacio sideral.
Ni mucho menos
si mis cuatro patas
correrían sin retorno
una carrera de gigantes
con meta en la nada
en vez de transitar libres
el verde de las praderas
o la gélida blancura de la nieve.
Sólo se que a nadie pertenecí,
excepto a las calles,
a su ejército de frías
estrellas terrenales
y a la urna metálica
que fue mi vehículo
al cosmos en un viaje
sin promesas de retorno.
«La que ladra»
nombraron mi existencia.
Pero aquí en la noche infinita
solo el silencio
escuchó mis ladridos,
nadie vio a la muerte
apagando mi luz
en un parpadeo
para ser libre eternamente
en la vastedad del universo
y brillar junto con las estrellas
mientras contemplo
con pena y ternura
a los hijos de quienes
desde un diminuto punto azul
me enviaron al nunca más

con el miedo como último bocado
pretendiendo en vano
ampliar sus fronteras.
Y sin embargo,
soy la estrella fugaz
que jamás se desvaneció
en el vasto horizonte
y ahora orbita perpetuamente
en los confines
del firmamento.
Un eco inmortal
en la memoria
de quienes impusieron
mi destino aciago
ignorando acaso que aún sin amo
ahora pertenezco por siempre
a quienes aún
sin haberme conocido
acogieron mi perra
e inocente presencia…

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