Por: Álvaro Enrique Parada Villamizar

En EEUU se define la presidencia entre Republicanos y Demócratas, los primeros en cabeza del controvertido exmandatario Donald Trump que se ufana en polemizar que la economía del dinero sobrepasa cualquier límite y es falacia para él en su momento, como sucedió con el cambio climático en su mandato hoy se retracta y dice revertirlas, así como posturas hoy de restricciones de armas como también el proteger a las personas transgénero, evocando su carácter fascista, racista, misógino y con un nivel intelectual que medianamente coherente sólo está capacitado para producir dólares… Vuelve la idea de construir el muro en la frontera mexicana, expulsar indocumentados, aplicar más aranceles a las importaciones, aumentar la producción energética, eliminar impuestos sobre la renta de ingresos de propina, promete impulsar los autos voladores, las criptomonedas, construir diez nuevas ciudades de la Libertad, vengará a sus detractores políticos y burócratas desleales en una purga al gobierno federal, consolidar el poder ejecutivo despidiendo fiscales marxistas, líneas más duras contra la migración realizando la deportación más grande de la historia americana, promoverá la ley contra enemigos extranjeros, pena de muerte con los expendedores de drogas, una educación más estatal en la familia tradicional chocando con creencias, culturas, raza e ideología sexual, se opone a la salud subsidiada catalogando de lo peor que ha sucedido en EEUU y volverá a apostar por el pago de salud con medicamentos y servicios privados, nombrará un fiscal que perseguirá según él al presidente Biden por ser el más corrupto de la historia de EEUU, alienta a Rusia contra Ucrania y tacha a China de expansionista y abusador que será detenida en su mandato…
Por el lado demócrata la candidata Kamala Harris que abandera la reducción del precio de los medicamentos, la condonación de la deuda de préstamos estudiantiles, eliminación de las denominadas tasas basura financieras, no está de acuerdo con la masacre de Israel en Gaza por la guerra a Hamas, promueve reformas progresistas en un seguro de salud de pagador único, la prohibición del fracking, la defensa del derecho al aborto en enfoque a la salud materna, promueve mayor atención sanitaria a infantes y adultos mayores, créditos fiscales para manutención en la clase media a pesar de las altas tasas de desempleo actual, propone elevar impuesto de sociedades al 35% donde estaba antes de la ley de recortes y empleos fiscales de Trump en 2017 que la redujo a 21%, promueve ley de alivio del alquiler a vivienda asequible como derecho humano, promueve a aliviar la carga de la deuda médica, defiende la justicia climática y medioambiental contra las petroleras por desinformar del cambio climático, apoyar el asilo de migrantes y el sugerir desfinanciamiento de la policía generó controversia por temas de seguridad luego del abuso y muerte del afroamericano Floyd que generaron protestas hace unos años.
En síntesis, leyendo una columna del profesor Julián Zubiría, donde analiza la percepción de votantes por grado de escolaridad, la balanza de inteligencia y emoción brutal diferencia las dos campañas, siendo un símil espacio macondiano cotidiano en nuestro platanal, profesar que el cambio lo generarán los mismos sinvergüenzas que han gobernado por décadas y hoy se posan como salvadores del caos que reina en un mundo, al que le urgen transformaciones para acabar con las hambrunas, las guerras, las diferencias sociales y fomentar armonía, equidad y paz…
Ojala Harris gane y se opaque otro psicópata populista en la política mundial como Trump.

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