DIGNIFICAR LA MENSTRUACIÓN,TRANSFORMAR EL MUNDO LABORAL

Por: Paula Correa

Colombia está dando pasos históricos en la lucha por los derechos de las mujeres: la aprobación por la cámara de representantes de la licencia menstrual dentro de la reforma laboral.

Como mujer, no puedo evitar sentir un ligero suspiro de alivio. ¡Por fin se empieza a reconocer lo que tantas de nosotras hemos vivido en silencio! La menstruación no es solo un “detalle” mensual; para muchas, es una batalla física y emocional que puede afectar nuestra capacidad de trabajar.

Pero al mismo tiempo, una pregunta incómoda me ronda la cabeza: ¿esta licencia menstrual será realmente un avance o se convertirá en una nueva trampa para nosotras? empecemos por lo obvio: menstruar es natural, saludable y, para muchas mujeres, una experiencia bastante dolorosa. Entonces, ¿por qué ha sido un tema casi tabú en los espacios laborales? Me parece absurdo que durante décadas hayamos tenido que fingir que todo está bien cuando a veces los calambres te doblan o la fatiga te anula. Nosotras, las mujeres, hemos aprendido a lidiar con esto en silencio porque no había otra opción,
tener que pedir un día libre para cuidarse en esos momentos podía ser visto como una
señal de «debilidad» y «poco profesionalismo».
Para muchas mujeres, la menstruación va mucho más allá de simples molestias o calambres ocasionales, quiero hablar de una condición que aún sigue siendo invisibilizada: la endometriosis. Esta enfermedad afecta aproximadamente al 10% de las mujeres en edad reproductiva y se caracteriza por un dolor menstrual extremo, incapacitando a quienes la padecen. Es mucho más que un malestar ocasional; es un dolor crónico que, en algunos casos, puede llegar a ser invalidante, para las mujeres con endometriosis, la licencia menstrual no es un capricho, es una necesidad básica de salud.


Es increíble que aún tengamos que luchar por el reconocimiento de esta enfermedad, que a menudo es mal diagnosticada o ignorada por años. La reforma laboral podría ser un paso hacia la dignificación del dolor de muchas mujeres, especialmente aquellas con endometriosis que han sufrido en silencio durante demasiado tiempo, este es el tipo de avance que puede cambiar vidas si las empresas lo toman en serio.


Ahora, con esta licencia, se nos reconoce el derecho a parar cuando el cuerpo lo necesita y eso, claro, es un avance. Pero como bien sabemos, no todo lo que brilla es oro.


Aquí está mi preocupación, la realidad laboral para las mujeres en Colombia (y en el mundo) está plagada de prejuicios.

Ya de por sí lidiamos con la brecha salarial, el techo de cristal y la eterna expectativa de que seremos «menos productivas» porque, según algunos, nos distraen “cosas de mujeres”. Entonces, ¿Qué va a pasar cuando esta licencia entre en vigor? ¿Nos contratarán menos por el miedo de las empresas a que “faltaremos más”? ¿Nos verán como un costo adicional?


No me malinterpreten, la licencia menstrual es necesaria, pero temo que algunos empleadores la usen como excusa para reforzar viejos prejuicios, especialmente en sectores donde la igualdad de género ya es una lucha cuesta arriba. Y no es paranoia, es una preocupación legítima, este avance tan esperado podría, irónicamente, convertirse en un arma de doble filo.


Aún así, me siento optimista, esta reforma nos empuja en la dirección correcta porque reconoce que la menstruación es, en muchos casos, un tema de salud pública para el derecho laboral. Si puedo tomarme un día de descanso cuando una migraña me ataca, ¿por qué no hacerlo si los dolores menstruales son igual de debilitantes?. Nosotras no pedimos ser biológicamente complejas; simplemente lo somos, así que permitirnos un espacio de descanso durante esos días es simplemente una cuestión de respeto hacia nuestros cuerpos.


Pero esto va más allá de dar días libres, dignificar la menstruación significa, también, romper con siglos de tabúes, la menstruación ha sido tratada como algo vergonzoso o sucio. Lo vivimos desde niñas cuando nos enseñan a esconder nuestras toallas sanitarias como si lleváramos una bomba, la falta de educación y el estigma no solo perpetúan la desinformación, sino que nos aíslan, y nos hacen sentir que algo natural es una carga. ¡Es hora de que eso cambie!


La menstruación está, inevitablemente, ligada a la fertilidad, a la capacidad biológica de traer vida al mundo, algo que, irónicamente, ha sido glorificado y al mismo tiempo castigado en las mujeres. Queremos mujeres que sean madres, pero no que tomen tiempo para cuidarse, queremos mujeres que sean trabajadoras incansables, pero no que se detengan por su biología.


Este avance de la licencia menstrual nos invita a reflexionar sobre este eterno dilema. ¿Es realmente incompatible ser mujer, biológicamente activa, y a la vez ser profesional y eficiente? No lo creo. Lo que necesitamos es que tanto las empresas como la sociedad comprendan que la menstruación no nos hace menos capaces, sino más humanas. Sí, la feminidad viene con ciertas complejidades, pero ¿acaso no es parte de lo que nos hace resilientes? Quiero confiar en que si se aprueba definitivamente, será implementada de manera justa y que no se usará como una herramienta para discriminar. Me gustaría pensar que las empresas colombianas están listas para este cambio, que van a entender que dar un respiro a sus trabajadoras en esos días no es un lujo, sino una cuestión de respeto y no es algo que se pueda solicitar de manera arbitraria. Pero, honestamente, también sé que el camino no será fácil.


Tenemos que estar vigilantes, nosotras, las mujeres, no podemos permitir que un avance en nuestros derechos se convierta en un obstáculo laboral. Debemos exigir que la licencia menstrual sea vista como lo que es: un acto de dignidad, no una excusa para alejarnos del mercado laboral.


Este es solo un pequeño paso hacia la dignificación completa de la menstruación, pero queda mucho por hacer, hay que educar a la sociedad, eliminar tabúes y luchar contra el estigma. Nos merecemos un entorno laboral donde nuestra feminidad no sea vista como un problema, sino como una parte integral de nuestra identidad.

Así que, aquí estamos, con una reforma que podría ser revolucionaria, si se implementa con sensatez. Y por mi parte, aunque aplaudo el avance, no dejo de mirar con cautela porque la verdadera equidad llegará cuando ser mujer, con todo lo que eso conlleva, no sea visto como una barrera, sino como un elemento esencial en un entorno de trabajo inclusivo y respetuoso.

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