SEMILLA CELESTE

Por: Hazzam Gallego

En medio de la tormenta,
cuando los vientos arrasan con todo,
y las sombras se enredan en mi pecho,
me pierdo en la selva densa de mis sentimientos,
una maraña de dudas que me aplasta el alma.

Pero ahí, en el abismo de mis pensamientos,
se alza una pequeña semilla.
Lleva consigo el eco de una bendición,
el murmullo de un Dios que nunca respondió.
Brilla, como brilla el alma que ha sido purificada,
echa raíces en la tierra más profunda,
como el árbol más alto que rasga los cielos.

Es una presencia que te envuelve,
como el aire fresco que te corta la respiración.
Es la noticia que llega cuando menos la esperas,
aquella semilla que brota dentro de ti,
pequeña, frágil,
como una mostaza aferrada a tu vientre,
con la esperanza de crecer, de ser.

Solo quiero que me sientas,
que entiendas que en ti se aloja mi esencia,
mi sangre,
mi alma.
Eres el verso que una vez quise escribir,
el punto y seguido de mi vida,
los suspensivos que no sé cómo terminar.

No sé si me conoces aún,
si reconoces mi rostro o mi voz,
pero cuando miro al cielo, sé que estás allí,
esperando,
listo para aterrizar en la vida de un hombre
que, en medio del miedo y la desesperanza,
encontró en ti
la ternura y la vida,
cuando todo lo demás era caos.

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