ODA AL CAFÉ DE LA MAÑANA

Por: Jean Carlos Arenas Parra

He medido mi vida en cucharaditas de café
T. S. Eliot

Amanece.
Es momento de volver
del país de los sueños
y abrir los ojos a la vida.
El letargo se niega
a dar tregua en los sentidos
y, sin embargo,
debo desterrarlo de mí
para poder habitar
el nuevo día,
para soportar nuevamente
la caótica y necesaria
marcha del mundo.

De repente,
el olor del paraíso
inunda el aire.
La noche se hace líquida
y se sirve en una taza.
Oscuro milagro
que sorbo a sorbo
hace nacer el sol
en medio de mi pecho.
La calidez abriéndose paso
en mi garganta
galopa luego por mis venas,
invitándome a dejar atrás
cualquier rastro de las sombras
del sueño.

Café mañanero:
en ti habitan el sabor
de la tierra, de los campos,
del amor que vive
en las inocentes
manos campesinas,
de la madera,
de los recuerdos,
de las conversaciones
casi interminables
y de todo lo terrestre.

En cada gota
de tu dulce y negro elixir
hay un pequeño regalo del cielo
para mi paladar.
Que nunca me falte
el breve ritual matutino a sorbos
que a diario me ofreces;
que tu oscura presencia
lleve luz y energía
a cada rincón de mi existencia.

Infúndeme vida,
dame tu aliento oscuro
para que a cada latido
pueda renacer.

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