Entre besos y caricias, tus ojos color aceituna con miel se clavaron en mi corazón. Aún recuerdo tu testarudo furor con el que iniciaste, peleando por este amor.
Tu dulzura y esa inocencia pura que habitaba en tu sonrisa, tu suave tacto como la brisa y el poder de tus palabras eran un arrullo al corazón. Hoy están llenas de reproches y desazón, de reclamos y dolor.
A tu lado me sentí inmensa, poderosa e indestructible; y hoy, aquel grito audible de tu boca me pide paz, que me aleje; así, quizás, volverás a ser feliz y a pintar el cielo gris con algún color vivaz.
Me ahogan las lágrimas de aquellos bellos momentos donde yo fui tu firmamento, musa y poesía. Qué triste que hoy mi vida sea causa de tu tormento.
Con gratitud y templanza llevaré este amor muy dentro y pintaré de flores el campo; tú recuperarás el canto, la libertad y la poesía, pues a ti, vida mía, no volveré más. Hoy, con mis maletas, parto en paz hacia un camino distinto, buscando en tu rostro el alivio de soltar este amor mordaz.
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