PIES EN LA TIERRA

Por: Annie Smith

En un mundo que corre cada vez más rápido, detenerse a escuchar el suave murmullo del viento entre los árboles puede parecer un lujo. Sin embargo, esa pausa, ese instante de conexión con la naturaleza, es lo que nos recuerda lo esencial: estamos hechos de la misma materia que las estrellas, los bosques, el
agua y la tierra. Al reconectar con la naturaleza, no solo sanamos nuestra mente y cuerpo, sino también el espíritu.


«Si realmente amas la naturaleza, encontrarás la belleza en todas partes», dijo Vincent Van Gogh. Y tiene razón. Al estar rodeados de verde, de ese aire fresco que solo los árboles saben dar, sentimos cómo se eleva nuestro ser, nos relajamos, nuestros pensamientos fluyen y la vida parece más sencilla. La
naturaleza tiene esa capacidad de llevarnos a un estado de paz, donde nuestros problemas pierden peso y nuestras relaciones se enriquecen. Al conectarnos con la tierra, aprendemos a amarnos mejor a nosotros mismos y a quienes nos rodean: familia, amigos, pareja, incluso nuestras mascotas.


Cada hoja, cada flor, cada río es un recordatorio de lo simple que puede ser la vida y el amor. Como dijo Isaac Newton: «La naturaleza se complace con la simplicidad», y es justo ahí, en esa simplicidad, donde encontramos la clave para expandir nuestro potencial y ser más conscientes de quienes somos.
«La naturaleza es el único libro que ofrece un contenido valioso en todas sus hojas», dijo Goethe. Si nos permitimos leer ese libro, escucharlo, entenderlo, descubriremos una verdad profunda. La Tierra no solo nos sostiene, nos habla y nos enseña.

En cada árbol, como expresó Rabindranath Tagore, vemos «el esfuerzo de la tierra para hablar con el cielo que escucha». Un árbol no es solo un árbol. Es un recordatorio de que nuestras raíces importan, de que debemos mantenernos firmes, pero también ser flexibles para crecer hacia algo más grande,
más elevado.
Cicerón decía que «todas las obras de la naturaleza deben ser tenidas por buenas». ¿Y cómo no estar de acuerdo? Cuidar la naturaleza es también cuidar de nosotros mismos. Al plantar un árbol, al cuidar de un jardín, estamos creando vida, oxígeno, bienestar no solo para el entorno, sino para nosotros mismos. En
ese acto de cuidar, también nos estamos sanando. A veces, al estar en contacto con la Tierra, descubrimos que nuestra vida, que parecía tan complicada, puede fluir con la misma simplicidad que las olas del mar o el viento entre los pinos.


Cada amanecer es una nueva oportunidad que nos ofrece la naturaleza para empezar de nuevo. «Mantén tu amor hacia la naturaleza, porque es la verdadera forma de entender el arte más y más», dijo Van Gogh. Y es que, en esa conexión, entendemos el arte de vivir, de ser humanos. A través de la Tierra, de sus paisajes y ciclos, podemos aprender a ser más amables con nosotros mismos, más conscientes de nuestra propia existencia.
Hoy, más que nunca, la naturaleza nos llama. Pero ese llamado no es solo para
disfrutar de sus maravillas; es también un pedido urgente: cuidarla, protegerla.

Al hacerlo, nos estamos cuidando a nosotros mismos y a quienes amamos. Es hora
de volver a ella con respeto, con amor, y permitir que nos eleve, que nos sane,
que nos haga más conscientes de lo que realmente importa.
Conectemos con nuestras raíces. Volvamos a la Tierra.

Sobre el autor:

Deja un comentario

Busca columnas por autor

Deja un comentario