Ya no. Ya no hay revoloteo de mariposas en el estómago ni las manos sudorosas anunciando la premura de los primeros encuentros. Ya no está la oleada de colores apoderándose de mi rostro y delatando el compás acelerado de mi corazón ante tu llegada. Ya no está presente la urgencia de verte, tenerte y devorarnos como si el sol se fuera a apagar mañana. No. Ya no. Pero que ello no te haga pensar que el «nosotros» ya no existe: ahora es cuando tú y yo nos podemos ver con nuestros colores y alguna que otra nube gris en el horizonte. Ahora es cuando te conozco en tus luces y sombras y amo cuanto veo sin vendas en los ojos, amo cuanto me muestras día a día y no solo el dulce espejismo de las primeras veces. Y disfruto de tus palabras y de tus silencios como cada una de las notas que tejen la sinfonía de tu voz. Ahora te amo en la belleza del día a día, sin máscaras ni disfraces, ni libretos solo por el hecho de sabernos compañeros de camino y vida, eternos cómplices y tiernos amantes;
de poder echar raíces en nuestros mundos y poder florecer plenos en la profundidad que solo sabe dar el tiempo mientras al final de cada noche disfrutemos cada bocado de esta historia que se cuece a fuego lento.
Deja un comentario