Por: William Pérez
En la oscuridad de mi alma,
donde la soledad es un abismo sin fin,
te busco con desesperación,
y solo encuentro sombras de mi fracaso.
Mi corazón late con angustia,
como un reloj que se detiene en el tiempo,
cada segundo es una eternidad,
sin ti, mi amor, mi razón de ser.
Tus palabras aún resuenan en mi mente,
‘No puedo más, tengo que irme’,
y con ellas, se va la luz,
deja solo la oscuridad y el dolor.
Mi alma grita tu nombre en vano,
y solo recibo el eco de mi dolor,
no hay consuelo en esta soledad,
solo la certeza de tu ausencia.
He fallado, he fracasado,
no he sido lo suficiente para ti,
mi debilidad te ha alejado,
y ahora estoy solo, sin ti.
En este desierto sin ti,
cada paso es un callejón sin salida,
cada respiración es un lamento,
cada pensamiento es un recuerdo de ti.
La soledad es un mar sin orillas,
donde me ahogo en un océano de dolor,
no hay salvavidas que me sostenga,
solo la corriente de mi desesperación.
¿Por qué no pude ser suficiente?
¿Por qué no pude retener tu amor?
La culpa me consume,
y la soledad es mi castigo.
En la noche, tus recuerdos me acosan,
como fantasmas que no me dejan dormir,
tu sonrisa, tu mirada, tu voz,
me persiguen sin cesar.
Mi corazón es un peso muerto,
que no late, que no siente,
solo es un objeto vacío,
que ya no tiene razón de ser.
La lluvia cae sobre mi rostro,
como lágrimas del cielo,
y yo siento que es un reflejo,
de mi dolor, de mi soledad.
No hay consuelo, no hay esperanza,
solo la certeza de tu ausencia,
y yo me pregunto, sin cesar,
¿por qué te fuiste, por qué me dejaste?
En este silencio, yo te llamo,
y solo recibo el eco de mi voz,
en este vacío, yo te busco,
y solo encuentro sombras de mi fracaso.
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