POR:HAZZAM GALLEGO

Me fui con una maleta llena de dudas;
las preguntas en mi espalda pesan más que el equipaje.
El eco de tus labios, esos que besé hasta la saciedad,
Me persigue, se clava en mi pecho mientras te dejo atrás.
Tus ojos, llenos de ese néctar amargo que solo el amor conoce,
me miran con la esperanza rota.
Una lágrima se desliza por tu mejilla,
y en ese silencio entendemos que no hay respuestas,
solo el abismo entre nosotros.
Sé que me amas;
lo siento en cada respiro que no puedo tomar sin ti
Pero mi marcha es inevitable;
Esos demonios, los que no ves,
me arrastran lejos de ti.
Y aunque tu amor es mi única cura
me alejo, te dejo con mis cicatrices invisibles.
Me duele más de lo que puedo admitir;
Hay un hueco en mi pecho que ninguna caricia puede llenar.
Y aunque te dibujo en cada noche,
en mis recuerdos, en la oscuridad de este exilio,
la distancia pesa como una lápida sobre mi alma.
Voy a un lugar donde no soy nadie,
donde tengo que aprender a ser hombre sin tus manos,
sin tu voz que me susurra esperanza.
Y aunque mi cuerpo está intacto,
mi espíritu ha sido herido de muerte.
Me exiliaron,
no de un país, sino de mí mismo,
de lo que fui, de lo que alguna vez soñamos.
Kilómetros y miedos se interponen entre nosotros,
tú enfrentas sola tus batallas,
y yo, con una armadura ilesa,
he perdido la guerra en mi interior.
Cada día es un puñal,
porque estoy lejos,
porque tu lucha continúa sin mí,
y mi honra, aunque intacta,
se marchita ante el miedo que no pudimos vencer juntos.

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