PEDAGOGÍA DEL CASTIGO: ¿DISCIPLINA O REPRESIÓN EN LAS AULAS?

Por: Fernando Reina

«Hay una delgada línea entre disciplina y represión en la pedagogía del castigo, la cual puede ser útil para corregir y guiar a los estudiantes; sin embargo, su uso excesivo o autoritario puede dañar su desarrollo y aprendizaje.»

En los últimos años, la pedagogía del castigo ha adquirido mucha importancia, pero también ha causado controversia debido a la gestión del comportamiento de los estudiantes para mantener la disciplina en un entorno educativo en constante evolución.

Para que esta gestión sea efectiva, el docente debe establecer con sus estudiantes, al inicio de una asignatura, materia o módulo, según el nivel educativo, unas “Normas y Acuerdos” que definan las reglas de juego en las clases. Esto implica no solo establecer normas de comportamiento, sino también aclarar lo que los docentes esperan que sus estudiantes aprendan, así como lo que los estudiantes esperan de su docente en cuanto a comportamiento y metodología de enseñanza.

Debido a la diversidad presente en las aulas (cultural, religiosa, de género, etc.), los docentes enfrentan mayores retos al tratar con la disciplina, por lo que muchos optan por aplicar métodos correctivos para asegurar el orden en sus clases. No obstante, han surgido innumerables críticas hacia estos métodos debido a su efecto nocivo y perjudicial en el progreso emocional y académico de los educandos. Es necesario establecer límites entre la disciplina fundamental y la represión que podría perjudicar el desarrollo educativo, según el contexto de cada institución.

¿Se convierte la pedagogía del castigo en un método de disciplina para moldear a los estudiantes o se transforma en una herramienta de represión que restringe su crecimiento? Esta interrogante es fundamental, ya que varios docentes se encuentran en la encrucijada de cómo mantener la paz sin afectar la creatividad o la salud mental de sus estudiantes, y en cómo discernir entre una forma válida de disciplina y cuándo se sobrepasa el límite hacia la represión.

Es esencial definir la disciplina como un sistema que permite establecer límites claros y coherentes, lo que facilita que los estudiantes adquieran conocimientos en un entorno ordenado. Mediante la disciplina, el docente puede transmitir principios como el respeto, la responsabilidad y la autodisciplina. El castigo puede ser una herramienta de corrección efectiva si se aplica de manera justa y proporcionada, induciendo a la reflexión del estudiante sobre sus acciones y promoviendo un cambio positivo en su conducta.

Por el contrario, la represión en las instituciones educativas ocurre cuando la sanción supera el propósito de enmienda y se convierte en una forma de control autoritario y dictatorial. Esto sucede cuando los castigos son excesivos, vergonzosos o injustos, lo que provoca un clima de temor y enojo entre los estudiantes. En lugar de fomentar el proceso educativo, la represión disminuye la participación activa, reprime la manifestación de pensamientos y genera una falta de interés en lo académico, impactando negativamente la relación entre el docente y los estudiantes.

La intención y el contexto en los que se implementa el castigo son aspectos clave para distinguir entre disciplina y represión. Si el objetivo de la sanción es educar y ayudar al estudiante a mejorar, entonces puede considerarse disciplina. No obstante, si la intención es únicamente sancionar sin ofrecer una oportunidad para reflexionar o enmendar su error, se convierte en represión.

Un ejemplo de disciplina sería asignar una actividad reflexiva a un estudiante que ha interrumpido reiteradamente una clase por falta de interés; mientras que una medida represiva sería humillar al estudiante en público por su conducta, buscando que «coja escarmiento».

En las clases, es necesario evaluar continuamente la pedagogía del castigo para garantizar que no se cruce la frontera hacia la represión. El docente debe cuestionarse: ¿El castigo que impongo promueve la educación y el autocontrol o solo busca establecer la disciplina? El castigo debe ir acompañado de la posibilidad de entablar conversaciones y reflexionar, brindando a los estudiantes la oportunidad de comprender las repercusiones de sus actos y cómo pueden progresar en adelante. Solo de esta manera, la disciplina puede alcanzar su auténtica finalidad educativa.

La pedagogía del castigo presenta un enigma que carece de una solución sencilla. Aunque la disciplina es importante para fomentar un entorno educativo eficaz, el uso excesivo de la sanción puede obstaculizar el crecimiento integral de los estudiantes. El reto en la docencia consiste en lograr el equilibrio correcto, en el que la corrección se lleve a cabo de forma constructiva y no punitiva, asegurando que las aulas sigan siendo lugares donde se pueda adquirir conocimiento, no por temor, sino a través de la comprensión y el respeto.

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