Por: Nerio Luis Mejía

Son muchas las historias que se han tejido a lo largo de varios años de conflicto armado en Colombia. Los protagonistas dejan ver su cansancio, quizás por el paso del tiempo, o como una manera de recordar lo que una vez vivieron, sin la esperanza de que alguien mostrara interés por sus historias de vida.
En la realización de estas crónicas, he tenido el privilegio de escuchar en primera persona a quienes vivieron en carne propia las experiencias paranormales que les presentamos. En ocasiones, las historias que les ocurrieron a los protagonistas me las contaron a través de un tercero, porque algunos de ellos ya no se encuentran con nosotros en el mundo de los vivos. Tal vez se encontrarán en el plano espiritual, con los espíritus que una vez en vida los asustaron.
La historia que les presentamos a continuación ocurrió en el corregimiento de Media Luna, Cesar, en los años 90, cuando la presencia guerrillera en estas regiones imponía su dominio y control en una lucha encarnizada con las fuerzas del Estado. Cada vez que se enfrentaban, dejaban una estela de dolor que padecían sus pobladores.
Una mañana de un mes de octubre en la década de los 90, un poblador de esta región cesariense me relata, muy amablemente, que deja ver a través de su voz el peso y el paso de los años. Arrecostado a un viejo asiento de cuero, popularmente conocido como «taburete», refiere que en la destapada carretera tres guerrilleros caminaban de manera tranquila en una inspección de rutina, con sus rifles a la espalda, sin percatarse de que a lado y lado de la vía se apostaba una compañía de militares que venía patrullando la región en busca de la guerrilla.

Los al darse cuenta de los tres guerrilleros, prepararon sus armas, y los dejaron entrar militares a la mitad del espacio de la carretera, cubiertos por sus hombres.
armados con rifles y ametralladoras. Una vez están rodeados de los tres insurgentes, el comandante de la unidad militar de la orden de disparar, dos de los guerrilleros caen muertos en el instante, el otro corre desesperado por salvar su vida con las manos sobre su cabeza. Milagrosamente logró sobrevivir a la emboscada tendida por los militares, con sorpresa que ni un solo proyecto ingresó a su cuerpo.
Solo presentaba heridas en forma de rasguño, por lo que se hizo tan popular, ya que después del incidente, el mismo guerrillero sobreviviente dio a conocer que él estaba asegurado, es decir que no le entraban las balas por un trabajo de hechicería que años antes se había mandado a hacer.

El anciano que me cuenta la historia me dice. “ah no todas las cosas en la vida son de color de rosas”. Continúa… este guerrillero a quien le apodaban el Flechas, decidió desertar del grupo, y se fue a vivir a Santa Marta, donde tenía a su familia, pero a oídos de los paramilitares llegó la información, que este hombre era de la guerrilla.
Los paramilitares decidieron asesinarlo, enviándole un grupo de motorizados armados, lo que no contaban los paracos, era que a Flechas no le entraban las balas.
Él corrió huyéndole a la muerte como en una ocasión lo había hecho en Media Luna, sin embargo, muchas personas se sumaron a la persecución, y armados con palos y piedras, asesinaron al hombre que había escrito su propia historia paranormal, esculpida con rasguños de proyectiles sobre
su piel, ya que, a través de pociones y hechizos, blindó su cuerpo contra las balas.

Los recuerdos del Flechas perduran en la memoria de quienes vivieron la época mas dura de la violencia en la Serranías del Perijá, y tal vez, ya no exista aquella hechicera, que inmortalizó el mito de que se puede blindar el cuerpo para sobrevivir a los disparos. Como también deja ver, que a pesar que los hombres y mujeres que hacen parte a los grupos armados en Colombia, afirman no creer en cosas sobrenaturales, todavía hay quienes se aferran a los rezos y a seguranzas de las brujas para que los protejan del mal, sin darse cuenta que el mal ha encarnado en ellos mismos.
Aquí termina la historia del hombre que en medios de los cafetales, se convirtió en una leyenda en la imaginación de quienes quisieran conquistar la inmortalidad con ayuda de hechiceros, pero una vez que pasa el justiciero tiempo, nos damos de cuenta que a la muerte no se le puede evitar, pero sí se puede gozar de una larga vida en tranquilidad, alejándose de los problemas, respetando a los demás y viviendo en armonía con Dios y la naturaleza.
La Chuzma Editorial, los invita a que cuenten esas historias que guardamos en medio del silencio, pero que una vez contadas, dan vida a la memoria histórica de una nación, que construye su verdadero patrimonio histórico desde las regiones.
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