SOLEDAD

Por: Annie Smith

Sé que la soledad puede parecer aterradora. Nos han enseñado que estar solos es algo malo, que debemos buscar compañía a toda costa. Pero, ¿y si te dijera que la soledad no tiene por qué ser tu enemiga? A veces, estar solo es justamente lo que necesitamos para reconectar con nosotros mismos, para hacer una pausa y escucharnos en medio de tanto ruido.

No todos encuentran compañía en sí mismos. Como dijo Carlo Dossi: «¿Por qué, en general, se rehúye la soledad? Porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos.» Y eso tiene sentido. A menudo buscamos fuera lo que, en realidad, solo podemos encontrar dentro. Pasar tiempo a solas no es un castigo, es una oportunidad. Es un momento en el que el ruido externo desaparece y, de repente, estamos cara a cara con nosotros mismos. Al principio, puede asustar o incomodar, pero en esa quietud se esconden algunas de las respuestas más profundas que jamás habríamos encontrado en medio del bullicio.

Estar a solas nos permite algo maravilloso: ser nuestra propia prioridad. ¿Cuándo fue la última vez que te preguntaste qué es lo que realmente necesitas? No lo que esperan de ti, sino lo que tú necesitas. Estos momentos de soledad son el mejor terreno para descubrirlo. Michel de Montaigne lo expresó con sencillez: «Soledad: un instante de plenitud». Es en estos instantes donde nos damos cuenta de lo valioso que es cuidar de uno mismo, escuchar nuestras propias necesidades y aprender a estar bien sin depender de la aprobación de los demás.

Lo que más me sorprende de la soledad es todo lo que nos enseña cuando le damos una oportunidad. En esos momentos en que estamos solos, nuestras mentes vuelan libremente. Es como si nuestra creatividad, ese tesoro escondido que todos llevamos dentro, se desatara sin límites. Muchos de los grandes genios de la historia encontraron en la soledad su fuente de inspiración. Como bien dijo Arthur Schopenhauer: «La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes». La soledad nos ofrece la libertad de imaginar, crear y descubrir talentos que, tal vez, nunca habríamos explorado de otro modo.

Pero la soledad no solo enciende la chispa de la creatividad, también nos da la oportunidad de conocernos más a fondo. Nos enseña a ser fuertes, a sostenernos cuando el mundo parece volverse incierto. Nos hace más resilientes, más seguros de lo que somos y de lo que queremos. Gustavo Adolfo Bécquer lo expresó de manera muy precisa: «La soledad es el imperio de la conciencia». Al estar a solas, se abre un espacio en nuestra mente para reflexionar y para crecer emocionalmente. Nos ayuda a reconocer nuestra propia fuerza ya aceptar que no necesitamos a nadie más para ser completos.

Y lo más hermoso es que, cuando aprendes a estar bien contigo mismo, descubres que puedes elegir mejores tus relaciones. Ya no buscas compañía por miedo a estar solo, sino porque valoras las conexiones que te aportan algo significativo. Aprender a disfrutar de esos momentos de soledad te prepara para construir vínculos más auténticos y enriquecedores. Al final, cuando te conozcas mejor, también puedes elegir mejor.

Así que, la próxima vez que te sientas la soledad, recíbela como una amiga que viene a enseñarte algo nuevo. No es un vacío que debes llenar con prisas, sino un espacio lleno de posibilidades. Recuerda siempre que la soledad no es el fin de algo, sino el principio de un profundo y valioso encuentro contigo mismo.

Sobre el autor:

Deja un comentario

Busca columnas por autor

Deja un comentario