Por: Paula Correa

Victoria’s Secret ha sido durante décadas un símbolo de feminidad y sensualidad, pero también un referente polémico de los estereotipos que han marcado los estándares de belleza a nivel global. Con su desfile icónico de ángeles, la marca vendía no solo lencería, sino una idea de perfección que parecía inalcanzable para la mayoría de las mujeres. Sin embargo, la creciente crítica hacia estos estándares de belleza imposibles y la falta de inclusión llevó a la marca a un punto de quietud, obligándola a detener su famoso desfile en 2019 ya replantear su estrategia.
Después de cinco años, Victoria’s Secret ha decidido regresar, prometiendo una imagen más moderna e inclusiva, con un enfoque en la diversidad y el empoderamiento femenino. Aunque este cambio de rumbo es prometedor, es inevitable preguntarse si realmente estamos ante una transformación auténtica o simplemente un intento de recuperar relevancia en un mundo que ha evolucionado más rápido de lo que la marca estaba preparada para asumir.
Este esperado regreso no puede analizarse sin revisar el legado que dejó su antigua imagen, ya que durante años, la marca alimentó una narrativa visual y comercial que glorificaba cuerpos extremadamente delgados, tonificados, pieles perfectas, sin acné ni vello púbico, y en sintonía con el ideal hegemónico de belleza: mujeres altas, sin imperfecciones visibles, con proporciones que parecían diseñadas por los cánones más restrictivos. Esto contribuyó a la creación de estándares de belleza imposibles que afectarán a generaciones de mujeres, generando inseguridades y perpetuando un ideal corporal inaccesible para la mayoría.
El desfile anual de Victoria’s Secret, una de las pasarelas más esperadas del mundo de la moda, se convirtió en una representación de este culto a la perfección. Las denominadas «ángeles» que desfilaban eran más que modelos: eran la encarnación de una belleza ultra selectiva y, como tal, cualquier desviación de ese ideal parecía inadmisible. Este enfoque contribuyó a que miles de mujeres se sintieran insuficientes ya que otras marcas continuaran promocionando un tipo de cuerpo como «el único deseable». El lado oscuro de este enfoque no es menor; fomentó trastornos alimentarios, inseguridades y profundizó la brecha entre la realidad corporal de las mujeres y lo que el mercado les decía que era «aceptable».
Ante las críticas masivas, el cambio cultural en la percepción de la belleza y la caída de las ventas, Victoria’s Secret fue forzada a detenerse y reflexionar sobre su papel en la perpetuación de estos estereotipos. Actualmente, la marca ha intentado actualizar su enfoque de diversidad, anunciando la inclusión de mujeres de diferentes tipos de cuerpos, etnias y trayectorias de vida en sus campañas. Esta decisión se refleja en el hecho de que han sustituido a los «ángeles» por una variedad más inclusiva de mujeres destacadas en diversos campos: atletas, activistas y empresas.
Uno de los cambios más notorios ha sido la incorporación de modelos con cuerpos que representan una mayor diversidad física, alejándose del ideal ultradelgado que prevaleció durante años. En sus últimas campañas, Victoria’s Secret ha destacado a mujeres que celebran la individualidad en lugar de adherirse a un solo estándar de belleza. Esta nueva narrativa busca conectarse con un público que ya no quiere ver un ideal de belleza inalcanzable, sino que valora la autenticidad y la diversidad real. El cambio es, sin duda, una respuesta al empuje de un mercado que exige más representación, pero ¿es suficiente?
Y es que, a pesar de estos intentos de reformulación, muchos críticos argumentan que este giro de Victoria’s Secret podría ser más un intento de «lavado de imagen» que un cambio de fondo. Para una empresa que durante décadas capitalizó sobre cuerpos idealizados, la transición hacia la inclusión podría verse como un movimiento oportunista. En un mundo donde la diversidad ya no es solo una opción, sino una exigencia del mercado, muchas marcas se ven obligadas a repensar sus estrategias para mantenerse relevantes. En el caso de Victoria’s Secret, queda la duda de si este cambio responde realmente a un compromiso sincero con el empoderamiento femenino o si simplemente busca adaptarse a los vientos de la época.
Además, la empresa sigue arrastrando sombras del pasado, donde las denuncias de acoso sexual y una cultura laboral tóxica dentro de la organización, reveladas en investigaciones recientes, han generado cuestionamientos sobre el compromiso real de la marca con la dignidad y el respeto hacia las mujeres. . Las críticas apuntan a que, aunque las campañas ahora incluyen una mayor diversidad, es fundamental que la transformación sea también interna, a compartir desde la ética corporativa hasta el trato hacia sus empleados.
Es innegable que Victoria’s Secret está haciendo esfuerzos para adaptarse a las nuevas demandas del mercado. La inclusión de mujeres con diferentes cuerpos, historias y trayectorias es un paso en la dirección correcta, pero aún queda mucho por hacer. Las marcas que promueven la diversidad auténtica no solo lo hacen a través de sus campañas, sino que lo integran en todos los aspectos de su negocio: desde los valores que defienden hasta las prácticas laborales y la ética corporativa que implementan. Si Victoria’s Secret quiere verdaderamente recuperar la confianza del público, deberá demostrar que este no es solo un cambio superficial, sino un compromiso genuino con el empoderamiento de todas las mujeres, más allá de sus apariencias.
El regreso de Victoria’s Secret nos invita a reflexionar sobre cómo la industria de la moda, y en general la sociedad, ha impuesto ideales de belleza a las mujeres, cosificándolas como parte del mercado. También nos muestra que las marcas, aunque poderosas, no son inmunes a los cambios culturales. Si quieren permanecer, deben ajustarse hacia la dignificación de la “mujer real”, con imperfecciones que la hacen perfecta. La belleza auténtica es la mejor manera de conservar nuestra diversidad y abrazar nuestras diferencias. Es precisamente por esto que lo anteriormente aceptado como el ideal de “feminidad” hoy se enfrenta a críticas cada vez más profundas.
El reto de Victoria’s Secret, y de muchas otras marcas, se adapta a un mundo que exige más que una imagen perfecta: pide autenticidad, respeto y representación real, dejando de lado los estereotipos y las modas del mercado que hacen perder el rumbo de lo que realmente es importante: permitirnos amarnos y valorarnos sin necesidad de querer ser “aceptadas” por patrones culturalmente machistas y sexistas.
Como sociedad, debemos analizar y criticar de cerca si este regreso realmente representa un cambio genuino en la filosofía de la marca o si, por el contrario, es un intento de capitalizar sobre la creciente demanda de inclusividad y empoderamiento sin abordar las realidades más problemáticas de su pasado. Es innegable que la inclusión de la diversidad es un paso, pero el verdadero cambio se verá reflejado cuando la marca demuestre que ha aprendido de sus errores pasados y que, más allá de las campañas publicitarias, está comprometida con la equidad y el respeto hacia todas las mujeres.
Hoy más que nunca, todas las mujeres debemos unirnos, ser más conscientes y exigentes, no conformarnos con una transformación superficial, sino exigir un cambio que transforme la percepción de “feminidad” que la sociedad patriarcal ha impuesto sobre nuestro cuerpo y que históricamente ha generado. tanto daño. Es una lucha por la inclusión, libertad y dignidad que debemos reivindicar por nuestras mujeres del pasado, el presente y el mañana.

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