VODEVIL

Por: Jean Carlos Arenas

A veces
resulta mucho más fácil
dejar que la maremágnum
de imágenes y sonidos
que desfilan por la pantalla
parezca mucho más bella
que el paisaje que florece
fuera de las cuatro paredes
que limitan nuestro universo.
Otras veces
parece mucho más sencillo
rehuir del abrazo ajeno
a tener que encontrarse
cara a cara
con la posibilidad
de encontrarnos al final
recogiendo nuestros propios pedazos
y sabernos muertos
sin haber vivido.
Y ni hablar
de los placeres
baratos y mediocres
que se venden por doquier a precio de oro
pero que no por eso
dejan de ser
un hermoso cascarón
o peor aún,
de la lujuria que osa
llevar el nombre del amor
en sus lúbricos labios
pero lo dejan de puertas para afuera
solo por acercarse a la muerte
por cinco minutos.
Es más: creernos dueños de la belleza
aún cuando todo
nos grita lo contrario
(¡pero nos encanta creer que no
desde que a los peces les salieron orejas!)
y creer que el mundo
nos ha sido conferido
solo porque unos cuantos pulgares arriba

(a veces de manos sin rostro conocido)
nos han brindado ese espejismo
pero por dentro,
donde casi nadie puede vernos,
llegamos a sentirnos solos
aún en medio de la marea humana.
Resulta mucho más fácil,
menos sórdido y más barato
maquillar de verdad nuestras mentiras,
creer que nos comemos
el mundo de un bocado
cuando en realidad y con saña
nos está devorando a mordiscos,
arrebatar coronas inmerecidas
solo para adornar nuestra infamia,
adularle al emperador su elegancia
a cambio de unos pocos mendrugos,
aún cuando su desnudez
reluce aún a años luz;
creernos eternos
aún cuando la inmortalidad
jamás será nuestro destino,
pretender que comprendan
nuestro andar
pero ni pensar en ponernos
en los zapatos del otro,
y envolvernos
entre nubes de perfume y oropel
a aceptar y de paso limpiar
la mierda que nos invade
por cada uno de nuestros costados.
Y cuando la fiesta termine,
ebrios hasta el hartazgo
con nuestras máscaras cayéndose
dejando nuestra miseria descubierta,
sólo nos quedará caminar hacia el horizonte
llevando la vergüenza a cuestas
cual suvenir no grato
de éste decadente vodevil
en el que hemos estado bailando
casi sin darnos cuenta…

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