A veces resulta mucho más fácil dejar que la maremágnum de imágenes y sonidos que desfilan por la pantalla parezca mucho más bella que el paisaje que florece fuera de las cuatro paredes que limitan nuestro universo. Otras veces parece mucho más sencillo rehuir del abrazo ajeno a tener que encontrarse cara a cara con la posibilidad de encontrarnos al final recogiendo nuestros propios pedazos y sabernos muertos sin haber vivido. Y ni hablar de los placeres baratos y mediocres que se venden por doquier a precio de oro pero que no por eso dejan de ser un hermoso cascarón o peor aún, de la lujuria que osa llevar el nombre del amor en sus lúbricos labios pero lo dejan de puertas para afuera solo por acercarse a la muerte por cinco minutos. Es más: creernos dueños de la belleza aún cuando todo nos grita lo contrario (¡pero nos encanta creer que no desde que a los peces les salieron orejas!) y creer que el mundo nos ha sido conferido solo porque unos cuantos pulgares arriba
(a veces de manos sin rostro conocido) nos han brindado ese espejismo pero por dentro, donde casi nadie puede vernos, llegamos a sentirnos solos aún en medio de la marea humana. Resulta mucho más fácil, menos sórdido y más barato maquillar de verdad nuestras mentiras, creer que nos comemos el mundo de un bocado cuando en realidad y con saña nos está devorando a mordiscos, arrebatar coronas inmerecidas solo para adornar nuestra infamia, adularle al emperador su elegancia a cambio de unos pocos mendrugos, aún cuando su desnudez reluce aún a años luz; creernos eternos aún cuando la inmortalidad jamás será nuestro destino, pretender que comprendan nuestro andar pero ni pensar en ponernos en los zapatos del otro, y envolvernos entre nubes de perfume y oropel a aceptar y de paso limpiar la mierda que nos invade por cada uno de nuestros costados. Y cuando la fiesta termine, ebrios hasta el hartazgo con nuestras máscaras cayéndose dejando nuestra miseria descubierta, sólo nos quedará caminar hacia el horizonte llevando la vergüenza a cuestas cual suvenir no grato de éste decadente vodevil en el que hemos estado bailando casi sin darnos cuenta…
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