EL MIEDO NO SE PINTA DE CELESTE.

Por: Marcela Espinosa


Pasan los días y no se porque se nubla mi alegría, empiezan los cuestionamientos y tener claridad en que tan bien saldrá todo es una firma a ciegas en un testamento.

El miedo sonríe malévolo frotándose las manos, mientras que la duda juega al vaivén con mis emociones.

El llanto se volvió un compañero fiel y, todos los días, se encarga de que mis ojos se limpien a profundidad. La angustia y la soledad han venido a posarse.

En las noches miro al cielo y, en momentos de calma, una pequeña llama se enciende en mí. Entonces platico contigo, pues estás conmigo, siendo parte de mí,

En mi cama pienso constantemente en ti y, en medio de oraciones, susurro que siempre me tendrás aquí; Que te amo aún sin verte y que moriría por ti. Que si de darte vida se trata, no te la

El miedo me mira a través del espejo, me acecha mientras mis labios pintos. Me señala hiriente, preguntándome por qué no me maquillaré, me habla de lo hermosas que son otras mujeres y de lo poco significativo que soy ahora. El miedo también quiere controlarme, sin saber que no le prestarás tu nombre, ni tu risa, mucho menos tu mirada, tu dulce voz ni valentía; porque el miedo no se pinta de celeste, como tú pintas mis días.

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