Por: Jean Carlos Sánchez

Cada año nuevo, según el calendario hebreo, transcurren diez días que se conocen como los días temibles. Son días especiales para ORAR (Tefilá), OFRENDAR (Tzedaká) y realizar un examen de conciencia que nos acerque al arrepentimiento (Teshuvá). Es una tradición que se ha practicado por parte de Israel a lo largo de los tiempos, con especial atención desde que Israel declaró su independencia en 1948. Aunque en Tierra Santa conviven los tres credos con más seguidores en el mundo, los sectores religiosos de Israel observan estas fiestas con especial dedicación y devoción.

No se alarmen, no es una nueva religión ni un nuevo movimiento de masas creado para aquellos que buscan efectos placenteros para poder ocultar su verdadera humanidad o naturalidad, la que los hace perfectos en este plano existencial imperfecto. Por el contrario, es una serie de festividades consignadas en el Libro de Levíticos, capítulo 23, verso 23, entregadas exclusivamente a la simiente de Abraham y como regalo para aquellos que las quieran acoger y celebrar, comenzando con una Santa Convocación al sonido del shofar. (cuerno de carnero), seguido de diez días de reconocimiento, para luego dar comienzo al día del amor, Yom Kipur (día del Perdón). Desde el día 15 hasta el día 23 se celebran las fiestas de Sucot (fiesta de las cabañas). Hago la aclaración: estas fiestas se podían guardar y celebrar cuando Israel estaba en su mayor esplendor, conglomerado de personas que hacían parte de las 12 tribus de Israel. Así que, aunque no hay templo e Israel vive el día a día tratando de subsistir, estas fiestas nos llevan a tener una verdadera relación personal con el Eterno, para algunos Dios, para otros Padre y para los observantes, Hashem.
Comenzamos a desintoxicarnos del paradigma de que el infierno existe, ya que dicho lugar fue creado por Dante Alighieri en su obra literaria La Divina Comedia, dicho lugar ha sido faro para las miles de religiones que navegan en los mares de fe, pero sin fundamento ni bases sólidas, por años dichas organizaciones, le han realizado un marketing extraordinario a ese lugar inexistente, porque el miedo funciona para amansar, domesticar y guiar mentes dotadas por el Eterno capaces de sojuzgar, gobernar y administrar la creación, porque para una mente débil es más fácil creer lo que les enseñan que ser hacedor de su propio criterio capaz de tumbar creencias, renunciar a paradigmas para vivir una vida tranquila en busca de la justicia y la sabiduría, que como consecuencia traerán lo suficiente para vivir en plenitud y en compañía de aquellos que tenemos el privilegio de tener al lado y que hacen parte de nuestra familia, negocios y circulo social.
Me explayé en el tema del infierno porque las fiestas no usan como combustible el miedo o la superstición de que, si te portaste mal, te sobrevendrán lluvias de fuego y azufre y juicios. El Eterno es el principal consciente de que, como humanos, fallamos y nos dejamos las fiestas como un medio para hacer inventario de nuestras acciones, arqueo de nuestros principios y valores, y la facultad de desarrollar la autocorrección para forjar un carácter de acero, y no simples mortales que convierten las iglesias en pañaleras, donde no desarrolla personalidad y ven pasar los años sin superar sus temores y abismos.

Esos diez días que comprenden los días temibles (del 1 al 10 de Tishréi) nos preparan para llegar con una conciencia aguda al Yom Kipur (día del Perdón). No entendamos perdón como el acto de buscar justificación de errores sin enmendar el daño, o como el medio facilista del que anduvo sin reparos 354 días para solo sobreactuar diez días y llegar al día del perdón de forma santurrona, tratando de engañar al Juez que todo lo ve y que sabe lo que hacemos antes de que lo hagamos. Al contrario, es la mejor oportunidad de sincerarnos con nosotros mismos, ya que no ha existido el primer mortal que sea capaz de engañar a su conciencia, la cual es la principal fiscal que usamos en estos diez días, ya que ella, como un espejo. , nos muestra la cruda
Por eso, el Kipur es la mayor muestra de amor, sentimiento que nuestro Padre creador nos profesa, que nos avisa con el sonido de cuernos de que viene el Kipur, día en el que se hace una evaluación de toda la humanidad, donde son pesadas. nuestras acciones buenas y malas, aplicadas solo a los humanos, siendo esta la corona de la creación. Al estar estos alerta diez días y guardar el Kipur con determinación, nos permitirá terminar ese día con un veredicto favorable.
Así que esto no se trata de una lucha entre el bien y el mal, pues siempre gana la parte que el ser humano alimenta. No se trata de infortunios o de malos años, simplemente cosecha de lo que se sembró. No es asunto de borrón y cuenta nueva; es sentido común que quien tira piedras no puede esperar que le devuelvan flores. Por lo demás, solo resta desearles un año dulce y agradable, y que la dulzura de la miel, que es la compasión, y la firmeza de sus juicios, que representa la sal, ambos elementos indispensables en las festividades hebreas, nos hagan tomar conciencia. de que tenemos un Padre grande, pero como rey de justicia, aun a sus hijos más amados les aplica disciplina. El objetivo de la represión no es desarrollar dolor ni resentimiento, simplemente es ayudarnos a forjar solidez en nuestra escala de valores, ya que al pobre y al rico el Eterno los dotó de iguales capacidades; la diferencia es lo que hacen con el potencial que les dio.
Al inicio de año se desea lo siguiente: Le Shaná Tová Tikatevu Ve Tejatemu («Yom Kipur tov , «que seas inscrito para un buen año escolar de vida» y en Quipur se saluda , Yom Quipur Tov, que tengas un año agradable y que tu veredicto haya sido favorable.
Estos deseos se expresan y se desean a los demás, y aunque merezcamos juicios rigurosos, el Eterno los atenúa por su amor inagotable por sus hijos.
Por último, te regalo esta frase que me ayudó a virar el sentido de mis acciones: «No esperes resultados diferentes haciendo siempre lo mismo.
Que el Eterno bendiga a Israel, a Colombia, a las naciones ya la humanidad.
Feliz 5785

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