Por: Annie Smith

¿Te ha pasado alguna vez que, sin darte cuenta, comienzas a mover los pies al ritmo de una canción? Ese instante en el que el cuerpo se adelanta a la mente y simplemente… se deja llevar. Es algo mágico, ¿verdad? Un paso aquí, una vuelta allá, y, de repente, todo parece más liviano. Las preocupaciones se desvanecen y, aunque sea solo por un momento, sentimos una liberación que va más allá de lo físico. Para mí, eso es lo que significa la danza: una conexión con lo más profundo de nuestra esencia.
Lo mejor de todo es que no necesitas ser un experto para sentirlo. A veces, me encuentro bailando en la cocina mientras preparo el desayuno, o dando pequeños saltitos mientras espero el ascensor. Son momentos inesperados, pero son esos pequeños instantes los que me recuerdan que el baile no es solo una coreografía; es una expresión de libertad. “Cuando bailas puedes disfrutar del lujo de ser tú mismo,” decía Paulo Coelho, y es cierto. No hay reglas ni juicios, solo tú, la música y lo que sientes en ese momento.
Y es que bailar nos conecta con la felicidad de una forma tan natural que, a veces, ni siquiera nos damos cuenta. ¿Te ha pasado alguna vez que, después de bailar, sientes que tu día mejora? Es como si, al movernos, sacudiéramos las preocupaciones y abriéramos un espacio para la alegría. De hecho, está comprobado que la danza libera endorfinas, esas pequeñas hormonas de la felicidad. Así que, cada vez que te mueves al ritmo de una canción, tu cuerpo y tu mente te lo agradecen. Y si alguna vez dudas, recuerda lo que decía Samuel Beckett: “Baila primero. Piensa después. Es el orden natural.”
La historia de la danza es fascinante. Desde tiempos antiguos, ha sido una parte vital de la vida humana. Yo me imagino a esas primeras personas, miles de años atrás, reunidas alrededor del fuego, moviéndose al ritmo de tambores, celebrando, sintiendo la vida a través del movimiento. A veces me pregunto si ellos también sentían esa misma libertad que sentimos hoy cuando nos dejamos llevar por la música. “Todo en el universo tiene ritmo. Todo baila,” nos recordó Maya Angelou, y es cierto. En cada rincón del mundo, la danza ha sido y sigue siendo una forma de celebrar la vida.
Y lo más maravilloso de todo es que no importa quién seas ni de dónde vengas. Todos podemos bailar. No necesitas ser joven, ni tener un cuerpo atlético, ni dominar pasos complicados. Lo único que necesitas es dejarte llevar. A veces, pienso que la danza es como una conversación entre el cuerpo y el alma. “La danza es el lenguaje oculto del alma,” decía Martha Graham, y qué razón tenía. A través del baile, decimos lo que las palabras no pueden expresar.
Para mí, la danza ha sido una forma de reconectar con mi alegría. He tenido días en los que todo parecía un caos, pero una simple canción y unos minutos de baile me han devuelto la calma y la ligereza. ¿Te ha pasado? Esa sensación de que, por unos minutos, puedes dejarlo todo atrás y simplemente ser.
Además de lo emocional, bailar también es bueno para nuestra salud física. Te sientes más fuerte, más ágil, más presente en tu propio cuerpo. Y lo mejor es que no necesitas estar en una pista de baile. Puedes hacerlo en cualquier lugar. Yo, por ejemplo, suelo moverme un poco cuando estoy trabajando frente a la computadora, aunque sea solo balancear los pies al ritmo de la música de fondo. Cada pequeño movimiento cuenta.
Si todavía no te has animado a bailar, te invito a hacerlo. No necesitas saber los pasos, ni tener una razón. Solo pon tu canción favorita y muévete. A veces me gusta cerrar los ojos y dejar que la música haga el resto. Al final del día, lo importante es cómo te sientas tú. Porque bailar no es para los profesionales; es para todos nosotros. Y aunque el mundo a veces sea complicado, la danza nos recuerda que siempre hay espacio para la alegría.
Así que, te lo digo como si estuviéramos charlando entre amigos: Baila. Baila, aunque sientas que no sabes cómo. Baila en tu sala, en tu cocina, en tu cuarto. Porque cada paso es un recordatorio de que estamos vivos, de que siempre podemos encontrar una razón para celebrar. Y, como la vida, el baile es mejor cuando lo disfrutas sin miedo, con el corazón abierto y los pies en movimiento.

Sobre el autor:


Columnas recientes
Busca columnas por autor






Deja un comentario