Por: JEAN CARLOS ARENAS PARRA
Soy ese olvido con nombre propio
al que tu recuerdo desentierra a conveniencia.
Otro rostro en tu álbum de fotografías,
otra estación en el camino de tu trasegar.
Incluso una gota de sangre más
de las que recorren tu torrente a cada latido.
Y, sin embargo, estoy ahí, tan inevitablemente presente,
aunque ignorarme sea la única opción de tus ojos.
(A menos, claro, que tu olvido selectivo
de repente decida sacarme de las sombras).
Y tu retórica musical aparece en escena,
buscando respuesta a tus ecos de ayuda.
Y la emoción de saberme en tu mundo me invade,
aunque la dicha me susurre lo efímero de su existencia.
Pero una vez tu necesidad se ve satisfecha,
solo hay un vacío silencioso del otro lado de tu mirada.
Y mi voz se entremezcla entre otras tantas
que forman parte de la amnesia colectiva.
Y de repente vuelvo a ser otro contacto más,
otro rostro más en medio de la multitud.
Y es ahí cuando me siento invisible,
aunque mi presencia te envuelva por todos los costados.
No. No merezco ser o no ser en tu mundo
solo cuando tu voluntad o tu necesidad lo vean preciso.
Mi presencia será regalo, luz y bálsamo
solo para quienes la vean y la merezcan siempre.
Y mi ausencia será para ti, a la vez,
perdón, venganza y despedida.
Soy ese olvido con nombre propio
al que ahora le da lo mismo si cuenta o no
en el inventario de tus recuerdos.
Fui ese olvido con nombre propio
que ya no te ve, ni te escucha, ni te recuerda.
Y, sin remordimiento, te pone punto final.
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