EDUCAR MÁS SOBRE EL SENTIMIENTO QUE SOBRE EL CONOCIMIENTO

POR:FERNANDO REINA

«En el aula de clases siempre se pide que los estudiantes aprendan, se eduquen y se formen alrededor de unos saberes, pero nadie observa la educación a través de otra perspectiva: desde el corazón».

¿Por qué se quiere imponer el conocimiento sobre los sentimientos? ¿Por qué solo se les permite a los estudiantes expresar su opinión y no sus sentimientos?

Las tendencias educativas actuales se ven profundamente influidas por el auge de la tecnología, en particular por la evolución de la Inteligencia Artificial (IA). Se busca que los estudiantes se conviertan en generadores de conocimiento, pero a menudo este conocimiento carece de profundidad, transformándose en un «conocimiento de plástico» les permite desarrollar dependencia a la tecnología sin desarrollar habilidades críticas adecuadas y sin sentir confianza moral en uno mismo o empatía con los demás. Lo que el estudiante realmente siente como ser humano, en esta carrera para producir mentes productivas, es secundario.

El gran desafío que presenta esta educación orientada hacia la IA es que, aunque se impulsa a los estudiantes a ser creadores de contenido y usuarios eficientes de tecnología, no se les enseña a gestionar sus emociones ni a enfrentar los desafíos internos que la vida académica y personal conlleva. Para vivir solo basta sentir…

¿Será que la IA define cómo actuar si un estudiante está llorando? ¿Puede la IA llamarle tristeza o alegría a ese llanto?  ¿Será que la IA define las palabras correctas para afrontar a ese estudiante que está llorando?

Ningún conocimiento puede reemplazar la necesidad de una educación emocional y ética. Un estudiante puede ser un experto en algoritmos y análisis de datos, pero si no sabe cómo manejar la frustración y el fracaso y el estrés, su aprendizaje es incompleto. La inteligencia emocional y la habilidad para enfrentar los sentimientos deberían ser los temas centrales de la educación por encima de cualquier tipo de herramienta tecnológica.

En este sentido, se vuelve urgente repensar el propósito de la educación. El verdadero éxito no reside únicamente en la capacidad de generar conocimiento a partir de las tendencias tecnológicas, sino en formar personas emocionalmente equilibradas, capaces de entender y manejar sus emociones. 

Sin este equilibrio, todo el conocimiento creado será superficial y poco sostenible. La tecnología puede ser una herramienta poderosa, pero es el desarrollo emocional y la enseñanza de valores lo que realmente permitirá que los estudiantes se conviertan en seres humanos completos, capaces no solo de crear, sino de vivir de manera plena y significativa, que ellos mismo encuentren un verdadero sentido para vivir.

Esa formación «sin sentimientos» comienza cuando, desde una edad temprana, se imponen roles de género rígidos que limitan la expresión emocional natural de los niños. A los niños se les enseña a reprimir sus emociones, especialmente el llanto, como un signo de debilidad, mientras que a las niñas se les inculca la sumisión y el conformismo, siguiendo patrones heredados de generaciones pasadas, y que siendo adultos se manifiestan con hogares disfuncionales, dónde poco o nada sirve el éxito. Hay el pobrecito o la pobrecita que se revele.

El corazón guía en silencio, dónde el sonido de las palabras no llega, pero el sentir se manifiesta. Es hora de romper moldes y paradigmas, se pueden crear conocimientos desde el corazón…


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