MI PERSONA FAVORITA

Por: Ximena Rincón

Nada llega a nuestra vida por casualidad; cada situación y cada persona que llegan siempre están destinadas a dejarnos una gran lección y a enseñarnos a mejorar cada día. Es por esa razón que agradezco el día en que te cruzaste en mi camino, agradezco el día en que, por primera vez, cruzamos un par de palabras, sin imaginar que esas mismas palabras serían las causantes de crear esta amistad tan sincera. Te agradezco a ti por regalarme un poco de tu tiempo, por reírte de las cosas más absurdas que puedo decir, por ser esa persona con la cual puedo mostrarme tal y como soy, por corregirme y, sobre todo, por ser ese lugar seguro al que puedo ir cuando siento que el mundo se me viene encima.

¿Cómo no agradecerte por cada sonrisa que me sacas cada vez que nos vemos? ¿Cómo no hacerlo si eres esa persona que me hizo volver a creer en amistades sinceras y llenas de amor? ¿Cómo no hacerlo si fuiste tú quien me enseñó a no ser tan débil en la vida? Llegaste a mi vida en el momento que menos lo esperaba, y desde entonces soy fanática de los momentos inesperados. Me enseñaste que con disciplina todo se puede lograr, me devolviste las ganas de seguir luchando por lo que más quiero en la vida y, sobre todo, me mostraste cómo ver la vida desde otra perspectiva. Me volví fanática de tus personajes favoritos y, mientras lo hacía, me volví fanática de tu sonrisa y de cada una de tus locuras.

Gracias por llegar a mi vida. Eres esa persona con la que puedo hablar por horas y nunca me cansaría de hacerlo. ¡Qué afortunada soy de tenerte! Aprendí a tolerarte cuando creía que no estaba diseñada para eso, y me enseñaste a pedir disculpas cada vez que fuera necesario. Me hiciste ver que la vida es más bonita cuando soltamos esas cargas que llevamos cada día y cuando permitimos que los demás nos ayuden a soltarlas. Me hiciste ver que del odio y del resentimiento solo queda un mal rato, y que todo es más bonito cuando le sonríes a la vida.

Lo que más me sorprende es cómo, sin darme cuenta, te convertiste en esa voz en mi cabeza que me impulsa a ser mejor. Cada vez que dudo de mí misma, recuerdo tus palabras alentadoras, esas que tienen la habilidad de derrumbar cualquier muro de inseguridad. Me enseñaste a tener fe en lo que hago y en quién soy. Si alguna vez te dije lo importante que eres para mí, siento que no lo hice lo suficiente, porque la verdad es que tu presencia en mi vida es un regalo que nunca dejaré de agradecer.

Poco a poco, te volviste mi persona favorita y, en el momento menos esperado, te convertiste en mi mejor amistad. Una amistad donde no hay lugar para el odio, pero sí para reír descontroladamente cada vez que estamos juntos. Contigo aprendí que siempre valdrá la pena arriesgarse una y mil veces.

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