Estamos perdidos y, aun así, seguimos buscando entre la maleza de la mente, entre un océano de tanta gente, creyendo que podremos encontrarnos. Pero… ¿qué estamos buscando? El hilarante hilo de la vida, que se teje sobre heridas, va guiándonos por caminos más viejos que el vino. Comienzas más que las llegadas, las idas; ¿Qué es lo que hace falta para iniciar la búsqueda sin objetivos? En el soliloquio, aferrado a los eventos de esta gran ciudad, intento resolver las dudas; nadie sabe sobre la verdad. Todos intentan recitarla. ¿Qué hacen los niños cuando pierden algo? Y las empoderadas y resilientes mujeres, cuando la paciencia se agota, ¿Cómo recobran de nuevo lo sujeto a las palabras? Pero, alto lector… No me siento perdido; al contrario, me siento encontrado, enajenado por todo lo que he divagado. Y entonces… ¿para qué escribir si no hay sentido? Para encontrarlo; en el afán de querer tenerlo solo se logra soltarlo.
Deja un comentario