El día que te conocí me enamoré, era un día soleado, brisa suave, dónde coincidieron perfectamente el tiempo y espacio para vernos.
Mientras voy escribiendo éstas líneas, vuelvo a recordarlo; en mí rostro se plasma una sonrisa y en el papel palabras que relatan nuestra historia.
El día que coincidimos en aquel patio del colegio, traías un suéter color azul marino y una sonrisa muy preciosa.
Fué tan peculiar nuestro encuentro. A paso seguro me dirigía al salón de clases, tú me observabas y dijiste en voz alta “es ella». Llegué a escucharte, pero no respondí.
El chico nuevo de la secundaria, tenía muchas miradas puestas en él. Él solo tenía ojos para mí, yo no era ajena a ello. No lo hacía tan evidente, tenía que mantener esa esencia de chica misteriosa y peculiar.
Desde aquella vez habitas en mis pensamientos, cuando pienso en ti, mi mundo se transforma en nuestro paraíso lunar y las canciones de amor cobran sentido porque hablan de los dos.
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