Crónicas de la Guerra
Por: Nerio Luis Mejía

Los innumerables enfrentamientos que han protagonizado los actores armados en Colombia, tras décadas de conflicto, no solo han dejado heridas físicas, también arrastran graves daños psicológicos, que han padecido las víctimas, como también los victimarios sobrevivientes, quienes se animaron a contar los difíciles momentos que significó para ellos, estar en las filas de la guerra.
Este trabajo que le presentamos, fue posible gracias a la colaboración de las personas que una vez hicieron parte de algunas estructuras armadas, que han existido en nuestro país, y que voluntariamente decidieron contar sus historias, pero todos coincidieron que omitiera sus nombres, como si sus mentes estuvieran conectadas, y así evitar los señalamientos sociales, o como una manera de evitar la persecución de los mismos espíritus que los atribulan.
El primero en atreverse a contar su historia y los sucesos que lo marcaron fue un excombatiente del EPL, quienes se acogieron en los años 90, a la dejación de armas, mediante los procesos de paz que adelantaron los gobiernos de la época.
En medio de los relatos, el hombre levantó su cabeza, quizás como si buscara en el tiempo las partes de un rompecabezas que no quiso guardar, dado que, a nadie en este país, le interesa escuchar o escribir, sobre la vida de aquellos hombres y mujeres, que no fueron tan relevantes en el conflicto armado.
Luego de acomodar los recuerdos, continúo describiendo los detalles de la historia paranormal que lo marcó para siempre. Cuenta el excombatiente, que en los años cuando el EPL hizo presencia en el departamento de la guajira, uno de sus integrantes, a quien por lo general los cabecillas, le delegaban la función de asesinar a quienes no estaban de acuerdo con las políticas del grupo armado, en lo que según palabras de la guerrilla se le conoce como ajusticiamiento, transformó la vida de ese despreciable ser, que lo convirtieron en un verdadero psicópata. A tal punto que sus mismos compañeros le tenían miedo, ya que nadie podía ir delante de él, porque le disparaba.
Esa situación se les convirtió en u problema, y como todo problema tiene solución, la mas practica que utilizó el grupo armado fue de asesinarlo. Relata el excombatiente; que en un rutinario desplazamiento, el comandante le ordenó al despiadado asesino que encabezara la marcha, una vez procedió a obedecer la orden de su superior sus 7 compañeros le dispararon de manera simultánea.
Los disparos fueron tan certeros que destrozaron parte de su cuerpo, a tal punto de verse expuestos sus órganos internos. Lo sorprendente de la historia en ese momento como en el relato presente, es que el hombre continúo luchando tratando de agarrar su arma de dotación, y hacerles frente a sus compañeros de filas, a quienes maldecía y sindicaba de traidores, por el hecho de haberles disparado por la espalda.
Después de sepultar el cuerpo del hombre asesinado, los guerrilleros decidieron permanecer en el campamento, situación que se hizo imposible, ya que en el puesto de guardia avistaron el fantasma del sujeto que horas antes habían asesinado.
El guardia salió despavorido, hacia a donde se encontraban el resto de sus compañeros, pero antes de llegar, ya sus compañeros corrían de lado a lado en medio del bosque, porque la presencia fantasmal de la persona que ellos habían asesinado, los perseguía lanzándoles limones. El comandante dio la orden de recoger las pertenencias y desocupar ese lugar, donde quizás hoy en día, habite el espíritu maligno de la persona que una vez en vida, fue un despiadado criminal.
La segunda historia que a continuación le vamos a presentar, tuvo lugar en los llanos orientales de Colombia. Esta vez quien nos la cuenta es un exmiembro de un grupo paramilitar, quienes se acogieron en el año 2005, a la ley 975, conocida como justicia y paz.
El excombatiente me hace un recuento de su historia, acerca de como fue reclutado a la edad de 14 años, ‘por la estructura criminal, al mando de alias Macaco. El hombre acuerpado y de piel morena, quien con su mirada intimidante dejaba ver que por mucho terror que trates de imponer, también dejas ver el miedo que sentimos los humanos antes las cosas desconocidas y que nada podemos hacer para controlarlas.
Fue así, que en medio de interrogantes dimos paso a la historia paranormal contada por este exmiembro paramilitar, quien me preguntó que si yo creía en cosas. A lo cual le respondí, que eso dependía de la sinceridad, de quien me las contaba.
Con voz fuerte me dijo, “mire muchos me creen que estoy loco por lo que dije que había visto”. Me incliné un poco y le dije… prosigue que te escucho.
Mire los Centauros existen. Un silencio se interpuso, entre el, y yo.

Con un leve movimiento en mi cabeza, le di a entender que continuara.
Toma un respiro profundo el excombatiente, y dá paso a su relato. Estando en un puesto de guardia en los llanos orientales, a eso de las 10 PM, en medio de una inmensa luna llena, que dejaba ver hasta los confines de la llanura, a unos escasos tres o cuatros metros de mí, se me presento un demonio, con cara de hombre y cuerpo de caballo. Su imagen se grabó en mi mente, como si fuera un hierro, que le pusieron a mi imaginación, y que por donde quiera que vaya, vea esa figura, que luego de referirle a mis compañeros de armas de lo que había visto, me dijeron que se trataba de un ser mitológico, que se le conoce como centauro.
Temblé de miedo, al ver una criatura de esa, quizás fue el mismo Dios quien lo mandó, para hacerme sentir en carne propia el miedo que sentían las victimas por culpa de nuestra presencia en los territorios que azotábamos.
Con estas crónicas que les presentamos a través de la Chuzma Editorial, contadas por quienes hicieron parte de los grupos armados en Colombia, deja ver la magnitud del daño que ha ocasionado y sigue causando el conflicto interno colombiano.

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