Por: Jonathan Niño (Muelaz Mc)

Querido lector,
Es posible que esta reflexión te incomode o resulte difícil de aceptar, pero es un paso necesario para entender lo que verdaderamente define cómo vivimos y nos conectamos con el mundo: la relación que tenemos con nosotros mismos.
A lo largo de nuestras vidas, nos enseñan a establecer lazos con los demás: a nutrir relaciones basadas en la empatía, el compromiso, el amor y el sufrimiento. Y aunque estas conexiones son fundamentales, muchas veces olvidamos que en el centro de todo está nuestra propia autoimagen. ¿Qué lugar ocupa la relación contigo mismo en tu vida?
Antes de los 30, solemos buscar validación externa. Anhelamos ser aceptados, apreciados y reconocidos, porque creemos que nuestra valía depende de lo que otros piensan de nosotros. Es parte del crecimiento. Sin embargo, llega un punto en el que comprendemos que la relación más importante no es la que establecemos con el mundo, sino con nosotros mismos. ¿Qué te dices cuando estás a solas? Ese diálogo interno, silencioso pero constante, es donde se revelan tanto nuestras inseguridades como nuestro potencial.
Nos enfrentamos diariamente a esa voz interna que, en muchas ocasiones, es nuestra mayor crítica. ¿Es una voz que te anima o que te detiene? El autoconocimiento y el amor propio comienzan cuando somos capaces de escuchar y transformar esa voz. No se trata solo de reconocer nuestras fortalezas y defectos, sino de entender cómo nos tratamos cuando cometemos errores. ¿Nos castigamos o nos perdonamos?
Es fácil ser compasivos con los demás, pero ¿por qué nos cuesta tanto serlo con nosotros mismos? A menudo estamos atrapados en la carrera por cumplir las expectativas ajenas —de la sociedad, de la familia, de los amigos—, pero olvidamos que la expectativa más importante es la que nos fijamos a nosotros mismos. Y no, no se trata de ser perfectos ni de satisfacer todas nuestras ambiciones. Se trata de vivir de manera auténtica, siendo fieles a lo que realmente queremos y necesitamos.
El camino hacia una relación sana con uno mismo no es lineal ni sencillo, pero es el más transformador. Porque cuando empezamos a amarnos en nuestra totalidad —con nuestras luces y sombras—, cambiamos nuestra perspectiva sobre el mundo. Nos volvemos más generosos, más resilientes y, lo más importante, más libres.
Te invito a continuar este viaje hacia el autoconocimiento, porque independientemente de la edad que tengas, nunca es tarde para comenzar a tratarnos con el respeto y el amor que merecemos. Y cuando lo hagas, notarás que la forma en que te relacionas contigo mismo impacta todas las demás áreas de tu vida.
El próximo paso en este viaje es crucial: aprender a aceptar nuestras imperfecciones. No como defectos que debemos corregir, sino como partes de nosotros que merecen ser abrazadas. Enfrentarnos a nuestras sombras es un acto de valentía, pero es solo cuando somos honestos con nosotros mismos que podemos sanar y avanzar.
Aceptar nuestras vulnerabilidades no es signo de debilidad. De hecho, reconocerlas y vivir con ellas nos permite crecer. Este proceso implica desaprender creencias limitantes que hemos arrastrado por años, cicatrices de relaciones fallidas o fracasos que nos hicieron sentir indignos. Pero ahora, estamos en el poder de reescribir esa narrativa y convertirnos en la voz amable que siempre debimos escuchar.
Pregúntate hoy mismo: ¿Quién soy realmente? ¿Qué quiero para mí, más allá de lo que los demás esperan de mí? Este ejercicio no solo te llevará a conocerte mejor, sino a convertirte en tu propio aliado, en lugar de ser tu peor crítico.
Construir una relación fuerte y sana con uno mismo requiere tiempo, paciencia y coraje. No es algo que se logre de la noche a la mañana, pero cada pequeño paso cuenta. Cuando te aceptas completamente, el mundo exterior se vuelve un reflejo de esa aceptación. Todas tus relaciones, decisiones y proyectos estarán alineados con tu verdad más profunda. Y esa es la verdadera independencia, la libertad de ser quien realmente eres.
Recuerdo que, desde niño, sentía la necesidad de pertenecer a algo más grande, de ser parte de un grupo o una comunidad. Sin embargo, muchas veces me encontraba fuera de lugar, como si no terminara de encajar. Desconocer el contexto en tantas ocasiones me hizo perder tiempo, enfoque y, en algunos momentos, hasta las ganas de buscar lo que tanto deseaba.
Querido lector, tómate un momento para agradecerte. Agradece por todo lo que has intentado, por los momentos en que, a pesar de las circunstancias, seguiste adelante. Muchas de tus victorias no han sido visibles para otros, pero han sido batallas internas de un valor incalculable. Has librado guerras que solo tú conoces y que requirieron un coraje que pocos podrían comprender.
Con cariño,
Un ser humano que sigue descubriendo la vida, su propósito y que no deja de soñar.

Sobre el Autor:


Columnas recientes
Busca Columnas por Autor






Deja un comentario