Apostillados los rostros que se pasean por las calles De madrugada antes de clases. Sin ánimos de conocer en la jornada Salen de sus casas estudiantes con actitud trasnochada. ¡Preguntándose “! que diablos ¡” mientras caminan Llegando al recinto donde sus mentes germinan. Que pasa cuando el ambiente se tensa, Por amoríos y rumores que nadie habla, que todos piensan. Pupitres que reflejan historias e histerias, De estudiantes dispersos e inmersos en sus probables miserias o en otros versos. Navegan por los ríos de la duda y la incertidumbre, Buscando islas con respuestas, Y aunque estén rodeados de muchedumbre, Se sienten a la soledad, almas expuestas. Esperando el trino de un timbre condicionado, Un descanso enajenado, De miradas que presionan, Que cortan, Que no disimulan, Los rumores que ululan, Al final todo llega a rectoría, El lugar donde las soluciones son utopías, meras normativas, espejos que muestran ilusiones haciendo de la buena moral alusiones. Y a la final solo se espera, ese último timbre que genera desasosiego del próximo día.
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