LA MUERTE

Por: Álvaro Enrique Parada

La muerte inevitable como eufemismo acertado y temido que nos conduce hacia la culminación
de nuestra existencia, donde se expira la vida como suceso irreversible de energía, en que se
transforma la materia y prevalece según el ideal de creencias nuestra alma…


La muerte se causa en fatal desenlace por el obligado envejecimiento, la oscura enfermedad,
la continua depredación, el fatal desastre o la hermosa naturaleza de apagarse, donde lo único
veraz, es que entraremos todos en esa cruda y penosa descomposición de cuerpo que sepulta
vanidades, riquezas, orgullos e infinidad de apegos mundanales…


La muerte no solo marca el fin vital de una persona, sino el término existencial como sujeto de
derecho y obligaciones emanadas por su condición de raza, en donde leyes y principios de
convivencia social se suspenden para siempre en la inmensidad…


La muerte es el cese de actividad cardíaca, ausencia de reflejos, nula respiración y ninguna
actividad bioeléctrica cerebral para que la ciencia defina, concluyó el ciclo vital y en el ideario
espiritual, se vuelve a las cenizas de su origen…


No podremos irnos sin augurar nos llegue en la mejor de las posibilidades, la muerte súbita o
instantánea, que sobreviene de manera abrupta a la invalidación fugaz de la esencia vital en
un fulminante y agudo suceso abrupto o accidental, que nos lleve al otro espacio supraterrenal,
sin darnos cuenta del infame suceso…


Compartimos un poema de Francisco de Quevedo (1580 – 1645) como autor clásico del Siglo
de Oro español con este soneto que reflexiona sobre la fugacidad de la vida y como el tiempo
avanza inexorablemente para acercase a la muerte.

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!
Feroz, de tierra el débil muro escalas,
en quien lozana juventud se fía;
más ya mi corazón del postrer día
atiende el vuelo, sin mirar las alas.
¡Oh, condición mortal! ¡Oh, dura suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana
sin la pensión de procurar mi muerte!
Cualquier instante de la vida humana
es nueva ejecución, con que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

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