La muerte inevitable como eufemismo acertado y temido que nos conduce hacia la culminación de nuestra existencia, donde se expira la vida como suceso irreversible de energía, en que se transforma la materia y prevalece según el ideal de creencias nuestra alma…
La muerte se causa en fatal desenlace por el obligado envejecimiento, la oscura enfermedad, la continua depredación, el fatal desastre o la hermosa naturaleza de apagarse, donde lo único veraz, es que entraremos todos en esa cruda y penosa descomposición de cuerpo que sepulta vanidades, riquezas, orgullos e infinidad de apegos mundanales…
La muerte no solo marca el fin vital de una persona, sino el término existencial como sujeto de derecho y obligaciones emanadas por su condición de raza, en donde leyes y principios de convivencia social se suspenden para siempre en la inmensidad…
La muerte es el cese de actividad cardíaca, ausencia de reflejos, nula respiración y ninguna actividad bioeléctrica cerebral para que la ciencia defina, concluyó el ciclo vital y en el ideario espiritual, se vuelve a las cenizas de su origen…
No podremos irnos sin augurar nos llegue en la mejor de las posibilidades, la muerte súbita o instantánea, que sobreviene de manera abrupta a la invalidación fugaz de la esencia vital en un fulminante y agudo suceso abrupto o accidental, que nos lleve al otro espacio supraterrenal, sin darnos cuenta del infame suceso…
Compartimos un poema de Francisco de Quevedo (1580 – 1645) como autor clásico del Siglo de Oro español con este soneto que reflexiona sobre la fugacidad de la vida y como el tiempo avanza inexorablemente para acercase a la muerte.
¡Cómo de entre mis manos te resbalas! ¡Oh, cómo te deslizas, edad mía! ¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría, pues con callado pie todo lo igualas! Feroz, de tierra el débil muro escalas, en quien lozana juventud se fía; más ya mi corazón del postrer día atiende el vuelo, sin mirar las alas. ¡Oh, condición mortal! ¡Oh, dura suerte! ¡Que no puedo querer vivir mañana sin la pensión de procurar mi muerte! Cualquier instante de la vida humana es nueva ejecución, con que me advierte cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.
Deja un comentario