Por: Anónimo Mendoza


Desde tiempos inmemoriales, mucha gente hablaba de Gustavo Petro como presidente de Colombia. Su ascenso fue un proceso construido a largo plazo, desde su curul como senador de la República, donde criticaba y denunciaba lo que sucedía en el país. En su primera campaña presidencial le fue mal, pues perdió en la primera vuelta contra el candidato de Uribe, Juan Manuel Santos, y el independiente Antanas Mockus. Después de esa derrota, decidió postularse a la alcaldía de Bogotá. Fue la primera vez que la capital le creyó y salió a votar masivamente, ganándole a Enrique Peñalosa, quien en un discurso le dijo: «Petro, Bogotá te va a quedar grande; no ha administrado ni siquiera un parqueadero». Palabras sabias del «gomelo» Peñalosa.
Tras una alcaldía que deslumbró, no por sus grandes logros, sino por el pésimo manejo del sistema de recolección de basuras (un tema que también condenó a otro alcalde, Rodolfo Hernández), Petro continuó ganando adeptos. Hernández, quien falleció recientemente, estuvo envuelto en un escándalo con Vitalogic, empresa que favorecía a su hijo. Ambos, Petro y Hernández, hicieron de las basuras un problema central, pero solo uno fue condenado, y las preocupaciones por ese juicio, quizás, llevaron a Hernández a la muerte.
A pesar de una desastrosa gestión en la alcaldía, los bogotanos siguieron creyendo en Petro, el hombre que, en campaña, tenía soluciones para todo.
Ese hombre que, en sus discursos, ofrecía la solución para el país, que prometía curas para el cáncer, dolores de espalda, artritis y hasta gastroenteritis. En campaña decía: «Si soy presidente, el ELN se desmoviliza en tres meses». Prometieron trenes de Buenaventura a Barranquilla, pero el ministro de Hacienda de la época, José Antonio Ocampo, le recordó que no había plata. Luego llegó la «caja de Pandora» en la figura de Ricardo Bonilla, quien dio el visto bueno a los gastos excesivos del país, y negoció votos de varias reformas desde el Ministerio, girando recursos a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. (UNGRD).
Prometió agua en La Guajira, pero en las elecciones era evidente que su gobierno sería un desastre. Sin embargo, la gente quería un cambio, aunque ese «cambio» incluyera a Roy Barreras, Armando Benedetti y Piedad Córdoba, además del Pacto de la Picota, donde se negociaban votos a cambio de beneficios desde el principio. Si hubiéramos sabido que todo esto nos llevaría al desastre del país, no habríamos votado por él.
Es el hombre de las mil excusas, que siempre lleva en su bolsillo un espejo retrovisor para echarle la culpa a los demás. Prometió a los transportadores menos paquetes y gasolina subsidiada, pero en septiembre de 2024, los transportadores hicieron un paro por el precio del ACPM. Ahora el país está dividido entre transportadores «buenos» e «independientes», y «malos», los dueños. Ahí se ve una lucha de clases, y nadie se dio cuenta de que Petro estaba diciendo que ser rico es malo. Otra comparación odiosa: el paro de transportadores «no era social», algo que no me deja dormir por las noches, considerando hacia dónde el presidente quiere llevar al país.
¿Será ese el «vivir sabroso»? No lo creo.

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