No sé si la poesía me encuentra en las esquinas, o si soy yo el que la busca en medio del caos.
A veces me pregunto si sólo soy alguien que juega con las palabras, o si en el fondo soy algo más que eso. Porque escribir no siempre es un don, a veces es una maldición disfrazada de belleza, que te impide dormir en las noches por descifrar las dudas de la mente.
Me pierdo entre las líneas, me encuentro en los silencios. Me busco entre libros y me distancio de los sentimientos, como si cada verso arrancara algo de mí que no logro comprender.
Hay días en los que ser poeta es cargar un peso invisible, una guerra constante entre lo que siento y lo que nunca podré decir. Las palabras que nunca llegan son a veces las más pesadas, esas que se quedan en el pecho sin poder escapar.
Pero de algo estoy seguro, y puedo afirmarlo sin titubeos:
No hay lugar más oscuro, ni más sincero, ni más despiadado, que el rincón donde mis versos nacen y mueren dentro de mi cabeza.
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