Por: Jean Carlos Arenas Parra
Se van marchando
sin hacer ruido uno a uno.
Ligeros de equipaje parten
en un viaje sin escalas hacia la nada.
De algunos se lee en sus rostros
la inminencia de la despedida.
Otros dejan la amarga sorpresa
de su encuentro con la noche eterna
cuando apenas estaban floreciendo a la vida.
Y de otros, el viento trae su nombre consignado
en el inventario de lo inevitable
justo cuando el olvido estaba empezando a desvanecerlo.
En todo caso, van partiendo poco a poco
los inquilinos de mi vida.
Y mi corazón como un hotel siempre abierto
va quedando con habitaciones vacías.
Algunas se ocupan de nuevo
y otras quedan vacías a perpetuidad.
Y en sus paredes desvencijadas quedan colgadas
instantáneas de momentos borrosos
pero con rostros que se aferran al recuerdo.
Sobre el autor:
Busca columnas por autor
Deja un comentario