Por: Nerio Luis Mejía

El asesinato de líderes y líderesas sociales, Defensores de los Derechos Humanos, Defensores Ambientales en Colombia, parece ser el mayor desafío que han enfrentado y que siguen enfrentando, todos los gobiernos en nuestro país. Sin importar cual sea su orientación política, Izquierda, Derecha o Alternativos.
Con la llegada de Gustavo Petro a la presidencia de Colombia, se acariciaba la ilusión de que por fin se acabaría la oscura noche, y que de una vez por todas se pararía la carnicería desenfrenada, por culpa de la violencia que se ha soslayado contra los líderes y líderesas sociales, en nuestro bello país cafetero.
Hoy empujado por el miedo, y a la vez animado por el poder de las letras, manifiesto en público. “NO QUIERO QUE LEAS MI NOMBRE EN ESA LISTA”, de líderes asesinados, situación tan cotidiana que no despierta ningún interés, en nuestra sociedad.
Se ha vuelto costumbre, escuchar y ver noticias sobre el asesinato de quienes defienden los intereses de sus comunidades, esta población objeto de especial protección, viene sufriendo un exterminio que engrosa la lista de la ignominia de un Estado, que no ha hecho nada, para evitar el baño de sangre. Lista tan cotidiana que se asemeja a la de hacer mercado, donde solo se lee en que región se produjo el insuceso, sin mayor importancia por las víctimas.
Un Estado que se desgasta en la creación de leyes, sin dar cumplimiento a las existentes. 16 curules de paz, que sin dudas dejarán a dieciséis nuevos millonarios en nuestro país.
Mientras tanto las víctimas en espera de que se les repare, por los perjuicios ocasionados como consecuencia del conflicto armado. Pero las esperanzas se diluyen frente al tiempo, y a la desfinanciación del Estado para repararlas. Sin embargo, tendrán que conformarse con la nueva legislación que consta de 57 folios para que afiancemos la lectura, y podamos entender como se justifica el trabajo de nuestros legisladores, en favor de nuestra población víctima.
Cobra mas vigencia que nunca, la frase de alguien en el anonimato. Que existen miles de razones para no hacer las cosas, y una sola razón para hacerlas, y es querer hacerlas. La paz significa sacrificio de todo privilegio, la guerra no puede ser siendo la causa que justifique los millones de víctimas que ha dejado a su paso el conflicto armado en Colombia.
La paz no puede interpretarse como la mendicidad o el favor de un pueblo que pide y sueña con el silencio de los fusiles y la metralla asesina. La paz es la exigencia para que se callen los fusiles, y se respire la tranquilidad que reclaman los habitantes del Cauca, el Catatumbo, y las demás regiones castigadas por la violencia.
No solo somos los líderes que pedimos que paren ya, los asesinatos de nuestros compañeros y compañeras. Hoy las voces de los funcionarios del actual gobierno, reconocen que no se ha hecho nada, para que se detenga el baño de sangre en contra de nuestra población.
Es una completa vergüenza, que el mundo observe paciente y sin interés, como se asesina los mecanismos de la participación ciudadana, y las voces que se atreven a reclamar en aras de construir un país en equilibrio, respetuoso con el medio ambiente. Donde escribir y opinar, no sea un válido pretexto para figurar, en esa larga lista de la vergüenza, que cuenta como se asesina a las voces de los territorios
Por eso insisto no quiero que leas mi nombre en esa lista. Que cuenta la barbarie de la cobardía, de quienes se ensañan en contra de los que nos negamos a seguir y rechazar el camino de la violencia.

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