FIESTA DEL LIBRO DE CÚCUTA  2024: MÁS VOLUNTAD MENOS EXCUSAS

Por: El Parresiastés

La psicología, la filosofía, la literatura, la intelectualidad, coinciden en la importancia del aprendizaje, del conocimiento permanente que el ser humano requiere para avanzar, para evolucionar.

Tal como se entrena y fortalece el cuerpo, la mente requiere un alimento proteico y versátil, que sea a la vez, estimulante y enriquecedor.

Los eventos culturales son una necesidad. Los centros culturales tienen su propio espacio y público. Por eso, cada ciudad dedica un tiempo y un espacio a las expresiones culturales, congregando expositores nacionales e internacionales, con amplia y variada oferta cultural, excedida a veces en la programación que ante la pobre publicidad arroja como resultado la poca afluencia de visitantes.

Como todo festival que se precie, demanda una gestión económica y logística de gran magnitud para que logre movilizar el comercio en torno al mismo. Y, obviamente, se procura fomentar la lectura, es el objetivo primordial en una feria del libro.

Para un evento de esta envergadura se debe disponer de diferentes tipos de recursos, sobre todo capital humano disponible, preparado y dedicado.

Los anfitriones deberían, desde el día siguiente que culmina la fiesta del año anterior, preparar todo para el próximo año, especialmente cuando se celebraban 20 años.

Los organizadores de los juegos olímpicos tuvieron cuatro años para planear cada detalle, para pulir cada ambiente. La improvisación no tenía cabida.

Acabamos de ver la impecable demostración de derroche, color, música, atuendos espectaculares, luces deslumbrantes, sonido, comunicación y transmisión impecables en París 2024.

Este evento, por citar solo un ejemplo, cuenta para su exitoso desarrollo con un gran número de voluntarios, personas para quienes es un honor participar, a cambio de formar parte del magno espectáculo en su ciudad.

El voluntariado en cualquier escenario, es una actividad para la cual se necesita alma y dedicación, dos elementos trascendentales que al fusionarse se materializan en disciplina y perseverancia.

El voluntario se inscribe con entusiasmo, entrega lo mejor de sí, enriquece su experiencia y aporta un valor inconmensurable al evento. No pasa desapercibido, su aura contagia solidaridad y fraternidad; espera ansioso el próximo año para regresar y una vez más, ser feliz con su renovado certificado de horas de voluntariado, aunque con los bolsillos vacíos – por tratarse de una actividad no remunerada-, no sale pobre pues ha ganado algo más importante y edificador: un puñado de amigos, algunos libros autografiados por su autor venerado y las fotos para la posteridad, que exhibe, presume y atesora en sus redes sociales. El voluntario sabe que esa satisfacción no tiene precio.

La otra cara de la moneda, la que se impuso en este año 2024, es aquel “voluntario” que porta la escarapela del staff como una pesada y mortificante carga, a la espera de la certificación por horas de práctica universitaria que la carrera de comunicación social le obliga.

No se preocupa por leer previamente el guion que le entregan, llega tarde, no se viste bien para la ocasión; improvisa mal, porque no conoce el autor invitado, no conoce la biografía del personaje con el que conversará, peor aún, no ha leído ninguno de sus libros y así aspira a entrevistarle; sin despegar los ojos del dispositivo desde donde lee como una maquina insensible las preguntas que formula, no hace contacto visual con su interlocutor, solo le arroja un saludo frio y una sonrisa sin empatía a una persona reconocida, pero que le es desconocida por su falta de estudio y dedicación. No le importa, el autor no es más que un extraño que jamás volverá a ver porque no se encuentra en tik-tok.

A ese “voluntario” que va a la FLIC, casi en contra de su voluntad, no se le puede exigir más, mucho menos si, para colmo de males, hace parte de un grupo “liderado” por un supuesto coordinador de comunicaciones que, paradójicamente, no sabe comunicarse. Alguien que crea un grupo de whatsapp donde, despóticamente, solo él puede escribir, un líder áspero y gélido que no le apetece ni saludar, que no brinda confianza, ni motivación, un coordinador inseguro que a través de su lenguaje corporal solo denota frustración, sin ambiciones, sin energía, sin palabra, sin carisma, en síntesis: Un Jean Baptiste Grenouille. Sí, ese mismo, el personaje del libro “El Perfume” de Patrick Suskind.

Ante la opinión crítica solo se mortifican quienes cargan a cuestas el peso de la mediocridad y se resisten al cambio. La resistencia al aprendizaje, la irreverencia ante la experiencia de terceros  y la falta de compromiso opacan la labor de otros.

En esta ocasión, en la Fiesta del Libro de Cúcuta – FLIC 2024, en sus veinte años, se despreciaron los voluntarios de ediciones anteriores y se despilfarró la experiencia adquirida.

La FLIC 2024, fue un laboratorio, algunos fueron a jugar y experimentar, otros tenían claro su rol y con la camiseta bien puesta sacaron la cara. Tal es el caso de Sandra Durán, Coordinadora del grupo de Presentadores fue toda una adalid ejemplar, la némesis del de comunicaciones. Su carisma, profesionalismo y calidez humana contribuyeron a salvar la patria.

Ella seguramente hubiese desempeñado un gran papel como entrevistadora en la sala VIP, y no la vergüenza que dejaron las acaparadoras e inexpertas “Karlas”.

Si bien una cara bonita y lozana puede ser una herramienta audaz y cautivadora, la experiencia y la perspicacia no se adquieren en la universidad, son valores insoslayables en estos eventos.

Voluntarios y voluntarias con cualidades SI existen, pero la mayoría no fueron llamados y otros simplemente fueron despreciados e infravalorados por la edad o por la pérfida subjetividad del desangelado Ronaldo, “el coordinador comunicador incomunicado”.

Esperamos los preparativos de la FLIC 2025. Con ansias los voluntarios correrán a inscribirse, esperando ser apreciados en el nuevo año y con objetividad suprema se elija un grupo habilidoso en todas las áreas, liderado por un coordinador amigable, afectuosamente exigente, colaborador, siempre dispuesto, como aquel querido y recordado, Armando Lamantia, cuya encomiable labor, en su momento, hizo que su nombre y apellido nos quedara grabado y asociado en forma perenne a la FLIC.

La FLIC seguirá celebrándose cada año, con lecciones y acciones por corregir.

Aceptar las fallas no es síntoma de debilidad, al contrario, es también la oportunidad para replantear, aprender y mejorar. Cerrar los ojos, engañándose así mismo que todo fue perfecto no es el camino adecuado. Bien lo enseña el Manual de Tolerancia escrito por Héctor Abad Gómez, padre de uno de los más insignes invitados de la FLIC, Héctor Abad Faciolince:

“ El cerrarse en actitudes inflexibles o en ideologías inmutables es signo premonitorio de muerte, por fosilización o por desintegración. Nada puede subsistir en el universo con un solo lado. No se puede aplaudir con una sola mano. El ser está siempre constituido por dos fuerzas opuestas. Los seres que no son dinámicos no sobreviven. La ley es la de la continua permanencia y la del continuo cambio. Solo con cambio hay permanencia y la  permanencia es necesaria para que el cambio pueda establecerse sin que sea desintegrador.”


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