INSTRUCCIONES PARA PERDER LA INOCENCIA

Por: Jean Carlos Arenas Parra


No te hagas ilusiones:
entender los muchos
rostros del mundo
no va a ser gratis
ni mucho menos, fácil.
Te darás cuenta
que muchas veces
solemos ser lobos
los unos para los otros
y con saña, a veces sin querer,
podemos hacernos pedazos.
Deberás aprender a endurecerte
por fuera y por dentro,
te harás más sabio pero también
mucho menos inocente
que al principio
y eso sí, en el proceso no deberás
dañar a nadie
ni menos aún dejar que el odio
te eche a perder el corazón.
Conforme tu estatura y tu mirada
vayan creciendo
en el horizonte,
verás que no todos tenemos
el mismo suelo
para echar nuestras raíces,
no todos podemos abrazar el cielo
extendiendo nuestras ramas
a la misma altura,
no todos florecemos
en la misma primavera,
ni en los mismos colores,
ni en el mismo jardín,
algunos florecen en las montañas,
otros en macetas,
otros en jardines encumbrados.
Acéptalo de una vez:
cada quien florece
a su manera, en su tiempo,
espacio y circunstancias
sin que por eso el paisaje
pierda brillo y encanto.
Mientras eres joven
ves todo puro y diáfano,

como un velo de cristal
que envuelve todo.
Pero poco a poco
el cristal se empaña,
dejas de ver el mundo
y las cosas como son
para pasar a verlas como quisieras
y al final cuando despiertes
y la más breve brisa de realidad
rompa en miles de fragmentos tú burbuja
terminarás en soledad
lamiendo tus propias llagas
como animal herido
de las cuales deberás sanar
de un modo u otro,
no tienes alternativa.
Y pasará muchas veces
hasta que aprendas
(¡dura y excelente maestra es la vida!).
Que el brillo de la ilusión
no te queme los ojos
ni te nuble la conciencia.
De aquí no saldrás incólume
como cuando viste la luz
por primera vez.
De aquí llevarás
infinidad de cicatrices
en la piel y en el alma
y en cada una de ellas
va escrita tu propia historia.
Ese es el alto precio
que deberás pagar
para conocer y entender al mundo
y sus infinitos rostros…

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