UN SUEÑO LLAMADO EUROPA

Por: Mónica García

Todos hemos soñado alguna vez con ir a Europa. Todos, en alguna conversación, hemos puesto de ejemplo sus políticas equitativas, su socialismo democrático, la manera en que sus ciudadanos sin discriminación tienen acceso a los servicios básicos, salud y educación gratuitas, etc. Pero ¿dónde quedó esa Europa si la de ahora es una que literalmente se hunde, no solo en la desigualdad, colapsada por una migración desbordada y amenazada por ser tomada por la ultraderecha nacionalista y xenófoba, sino literalmente en el mar a causa del cambio climático, y ahogada por el turismo desbordado? ¿Qué quedó de la Francia de la Revolución, de la libertad, la igualdad y la fraternidad? Parece estar corriendo la misma suerte que países como Italia y Polonia, en los que el fascismo, contra el que tanto se combatió, está gobernando y amenaza con retrocesos enormes en cuanto a derechos como, por ejemplo, el de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

Sí, cuando creíamos que los avances no tenían reversa, estamos ante un escenario que pide volver a los años cincuenta del siglo pasado, imponiendo una visión oscurantista de lo que debe ser la sociedad. La prohibición del aborto se esparce como una nube de polvo que quiere cubrir toda la zona euro (aunque también está ocurriendo en los Estados Unidos), obligando a las mujeres a desplazarse de sus hogares para buscar un lugar seguro en el cual practicarlo sin correr el riesgo de morir o ser judicializadas. No muy diferentes de las restricciones cada vez más extremistas del régimen talibán en Afganistán que tanto criticamos, pero en países que se jactan de ser ejemplos de democracia (y si usted, amigo o amiga que no está de acuerdo con el aborto, no ha pasado por la situación de vivir en un barrio de bajos recursos con varios hijos de un irresponsable para enterarse de que está embarazada otra vez, o no ha tenido un retraso mientras está estudiando en la universidad y no quiere interrumpir sus estudios, o simplemente ha decidido no llevarlo a término porque no lo planeaba o no es lo que deseaba en el momento, mejor no opine).

Y entonces está Latinoamérica, la última esperanza (con sus excepciones, por supuesto). Tenemos algunos gobiernos totalitarios, desafortunadamente; amenazas constantes de dictaduras fascistoides vestidas con el traje de la libertad (que es solo la del capital), mientras se ahoga al pueblo y recorta cualquier tipo de ayuda a las poblaciones vulnerables; excesos en las facultades de algunos mandatarios, rodeados de instituciones rendidas a su poder; doble rasero de organizaciones que deberían velar por la estabilidad de la región y no esconden su sesgo al señalar a unos pero no a otros; múltiples atrasos derivados de la condición de patio trasero primero de Europa, durante la colonia, y luego de la gran potencia invasora norteamericana a través de toda su mercadería e ideología de consumo.

Pero ahora, con una consciencia cada vez mayor de que lo tenemos todo para ser libres y autónomos, para autodeterminarnos y forjar un camino propio, no copiado de países y continentes que se han erigido en ejemplos cuando a la larga han sido los más destructores de la armonía planetaria que cualquier otro (¿de dónde provienen las invasiones, las mayores agresiones al medio ambiente y las grandes guerras sino de esos autodenominados “adalides de la democracia”?). Estamos empezando a ejercer la dignidad y construyendo sistemas propios, no manipulados por los intereses de los que solo nos ven como su despensa; luchamos por ser garantes de derechos de las poblaciones humanas y de todas las formas de vida, incluyendo las selvas y los ríos; buscamos superar los atrasos en educación y avances tecnológicos; vamos tras la igualdad que nos ha sido tan esquiva en todos los sentidos,

Comenzamos a pensar en ser algo más que una mala copia de un sueño que se diluye en su propio fango y en su propia bruma.

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